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Full text of "Mentir con noble intención : comedia en dos actos"








COLECCIÓN 

ANTIGUO Y MODERNO ESPAÑOL 

POR 

LOS PRINCIPALES AÜTORLS. 









ÜtftUrft : 
librerías de cuesta y ríos. 



)(~hi..i ...n-rt) 




lí 



CATALOGO de las comedias que contiene esta Galería. 



Marcela , ó ¿á cuál de los tres? 

Un tercero en discordia. 

Un novio para la niña. 

Otro diablo predicador. 

Me voy de Madrid. 

La redacción de un periódico. 

Las improvisaciones. 

Una de tantas. 

Muérete y verás. 

El amigo mártir. 

Todo es farsa en este mundo. 

D. Fernando el emplazado. 

Medidas estraordinarias. 

El poeta y la beneficiada. 

Ella es él. 

El pro y el contra. 

El hombre gordo. 

Flaquezas ministeriales. 

El hombre pacífico. 

El qué dirán. 

Un dia de campo. 

El novio y el concierto. 

No ganamos para sustos. 

Bellido Dolfos. 

¡Una vieja! 

El pelo de la dehesa. 

Lances de carnaval. 

Pruebas de amor conyugal. 

El cuarto de hora. 

La ponchada. 

El plan de un drama. 

Dios los cria y ellos se juntan. 

Cuentas atrasadas. 

Mi secretario y yo. 

¡Qué hombre tan amable! 

Los hijos de Eduardo. 

Engañar con la verdad. 

Los primeros amores. 

A la zorra candilazo. 

El amante prestado. 

Un paseo á Bedlan. 

Mi tio el jorobado. 

La familia del boticario. 

El segundo año. 

La loca finjida. 

No mas muchachos. 

Mi empleo y mi muger. 

La primera lección de amor. 

Lo vivo y lo pintado. 

La pluma prodigiosa. 

La batelera de pasages. 

La mansión del crimen. 

La escuela de las casadas. 

El editor responsable. 

¡Estaba de Dios ! 

Blanca de Borbon. 

Carlos II el hechizado. 

Rosmunda. 

D. Alvaro de Luna. 

El entremetido. 

Un novio á pedir de boca. 

Un francés en Cartagena. 

Por no decir la verdad. 



Rodrigo. 

Carlos V en Ajofrin. 

Cuidado con las novias. 

Un monarca y su privado. 

El dia mas feliz de la vida. 

El vigilante. 

La escuela de los viejos. 

El vaso de agua. 

Un casamiento sin amor. 

Matilde. 

D. Trifon. 

Masauiello. 

Atrás! 

Guzman el bueno. 

El amigo en candelero. 

El Trovador. 

El page. 

El rey monje. 

Magdalena. 

El bastardo. 

Samuel. " 

Dándolo. 

El encubierto de Valencia. 

Batilde , ó América libre. 

Margarita de Borgoña. 

La pandilla. 

D. Juan de Maraña. 

Caligula. 

Zaida. 

Juan de Suavia. 

El caballero leal. 

El premio del vencedor. 

Gabriel. 

Las bodas de doña Sancha. 

Los amantes de Teruel. 

Doña Mencia. 

La redoma encantada 

La visionaria. 

Los polvos de la madre Celest 

El amo criado. 

Ernesto. 

El barbero de Sevilla. 

Alfonso el Casto. 

Primero yo. 

El abuelito. 

El Bachiller Mendarias. 

Macias. 

No mas mostrador. 

Roberto Dillon. 

Felipe. 

Un desafio. 

Arte de conspirar. 

Partir á tiempo. 

Tu amor ó la muerte. 

D. Juan de Austria. 

D. Alvaro, ó la fuerza del f 

Tanto vales cuanto tienes. 

Solaces de un prisionero. 

La morisca de Alajuár. 

El crisol de la lealtad. 

Finezas contra desvíos. 

Guillermo Tell. 

El gran capitán. 



El desengaño en un sueño. 

Mas vale llegar á tiempo. 

Ganar perdiendo. 

Cada cual con su razón. 

Lealtad de una muger. 

El zapatero y el rey 1. a pa 

Apoteosis de Calderón. 

El zapatero y el rey 2. a pa 

El eco del torrente. 

Los dos vi reyes. 

La corte del Buen-Retiro. 

Bárbara Bloruberg. 

D. Jaime el conquistador. 

Higuamota. 

La aurora de Colon. 

El conde I). Julián. 

Cerdan, justicia de AragC 

Contigo pan y cebolla. 

Tal para cual. 

Las costumbres de antañc 

El jugador. 

Del mal el menos. 

Toros y cañas. 

Quien mas pone pierde n 

Rivera. 

El rigor de las desdichas. 

Las simpatías. 

El diablo cojuelo. 

Las ventas de Cárdenas. 

Dos validos. 

La tumba salvada. 

El Tasso. 

Acertar errando. 

Hacerse amar con pelucs 

Shakespeare enamorado. 

Máscara reconciliadora. 

El testamento. 

El gastrónomo sin diner 

Miguel y Cristina. 

La vuelta de Estanislao. 

Las capas. 

Un ministro!!! 

Quiero ser cómico. 

El ambicioso. 

Marino Faliero. 

El marido de mi muger. 

Jacobo II. 

El rey se divierte. 

La muger de un artista. 

La segunda dama duend 

Un alma de artista. 

Una ausencia. 

Mateo. 

Amor de madre. 

El honor español. 

La sociedad de los trec€ 

Los perros del monte [ 

Bernardo. 
El héroe por fuerza. 
Bruno el tejedor. 
De un apuro otro may< 
Empeños de una vengai 
¡ Es un bandido ! 



MENTIR CON NOBLE INTENCIÓN. 

¿¡^onu'íHrt w £>os acíos 

es traordinar lamente aplaudida á su representación en el 
teatro del Instituto el dia'ZO de Febrero de 1846. 

ARREGLADA Á LA ESCENA ESPAÑOLA 

POR 

DON ME&SJEL GUILLOTO 

Y 

DON MANUEL HARÍA. »EL CAIEFO. 




MADRID. 



IMPRENTA DE D. JOSÉ RE PUL LES. 
1846. 



PERSONAS. ACTORES. 



el marques de la encina. . Don Pedro Sánchez. 

ventura , su sobrino. . . . Don Vicente Callan-azor. 

carlos, primo de Don Manuel Catalina. 

luisa de villalar , esposa ) n . . n 

. , - > Dona Ana Pamias. 

del marques ) 

adela Doña Concepción Ruh. 

ana , hermana de leche de ) n - r r 

r ' ■ } Dona Carmen Carrasco. 

Luisa S 

dita ,' doncella de Luisa. . Doña María Bardan. 

, „ l Don Hermenegildo Calta- 

CRIAD0 *• \ ñazor. 

ídem 2." Don Marcelino Lumbreras. 

CONVIDADOS, NOTARIO Y CRIADOS. 



La escena pasa, el primer acto en el jardín de la casa 
de campo del marques de la Encina , en las cercanías de 
Aranjuez. El segundo en casa del marques, en Madrid. 



Esta Comedia, que pertenece á la Galería Dramática, es 
propiedad del Editor de los teatros moderno , antiguo 
tspañol y eslrangero ; quien perseguirá ante la ley al que 
sin su permiso la reimprima o' represente en algún teatro 
del reino o' en alguna Sociedad de las formadas por accio- 
nes, suscripciones o cualquiera otra contribución pecunia- 
ria, sea cual fuere su denominación , con arreglo á lo pre- 
venido en las Jieales órdenes de 5 de Mayo de 1837, 8 de 
sJbrilde 1839 y 4 de Marzo de 1844, relativas á la propie- 
dad de las obras dramáticas. 







Ogt)Cf0 primero» 



Jardín de la casa de campo del marques. A la izquier- 
da un pabellón : á la derecha una mesa de piedra , y 
al lado de esta un banco de jardín. En segundo y 
tercer término calles que conducen d la casa. 

ESCENA PRIMERA. 

CARLOS. VENTURA. UN CRIADO. 

Carlos. {Entrando en el jardín en trage de camino, d 
un criado que ve salir del pabellón.) Pregunte usted 
á las señoras si están visibles. 

Criado 2." Señorito , usted por aqui ? 

Carlos. Voy á Madrid , y no he querido pasar de largo 
sin ver á mi tia... anda, dila que está aqui su so- 
brino. {El criado se dirige á la derecha , y se en- 
cuentra con Ventura.) 

Ventura. Pravísimo! Diga usted {Al criado.) al señor 
marques que su sobrino quiere verlo... {Vase el cria- 
do.) (Hola ! qué individuo es este?) {Viendo á Carlos: 
Carlos lo reconoce y avanza hacia él para abrazarlo.) 

Carlos. Ventura ! 

Ventura. ínclito! {Abrazándolo.) 

Carlos. Qué es de tu vida, (Se separan.) hombre? pues 
y las diversiones de la corte 9 Cómo has abandonado 
tus amoríos ? A qué altura están tus conquistas ? 

Ventura. Chico, no tengo porque quejarme... Como 
siempre, todas las mugeres se despepitan por mi. 



668613 



4 

Carlos. Es muy original... hombre de mas suerte!... 

Ventura. Pues no creo que tenga nada de original... 
Gallarda figura , bastante elegancia , y sobre todo, 
mi ganchillo i un cierto no sé qué que tengo para 
ellas... Bien sabes que ha sido ese mi género, y sin 
amor propio puedo decirte, que he llegado á enten- 
derlo... Oh! lo que es yo uo me engafio nunca!... 

Carlos. Siempre he oído decir que eras el coquito de las 
damas... 

Ventura. Y sin embargo, no creas que se olvidan tam- 
poco de ti. 

Carlos. Qué me dices? 

Ventura. Tu repentina desaparición produjo en ellas un 
efecto sorprendente , y se han esparcido las mas no- 
velescas anécdotas sobre la causa que la produjo... 
Quién suponía ya que uú desafio... quién que algunos 
amores desgraciados te habrían inspirado la idea de 
refrescarlos en el canal... en finí, con decirte que no se 
hablaba de otra cosa en los círculos de la corte... Y 
sabes lo que yo respondía á nuestros amigos ? Pues 
no, no les respondía nada, porque yo no me engaño 
nunca! 

Carlos. Cierto que era el modo de no equivocarse... tú 
has tenido siempre un criterio prudente... 

Ventura. [Desentendiéndose.) Por fin . siguieron hablan- 
do de ti, hasta que otro acontecímienlo de no menos 
importancia, vino á preocupar la atención general. 

Carlos. Otro aconlecimiento ? 

Ventura. Sí, la salida , ó mejor dicho á la francesa, le 
debut de una esceleníe bailarina ; una hurí de las que 
nos describen los poetas... diez y ocho años, pelo 
negro, ojos negros , dientes negros, digo, blancos 
como el marfil... y viveza como un demonio. Al mo- 
mento le llovieron apasionados, y cien adoradores 
constantes formaban por todas partes su cortejo... 
Ah! quién no ha de enamorarse de una muger que 
haciendo unas mismas piruetas logra seducir por tres 
horas seguidas ? Pero, amigo Carlos , como era natu- 
ral , Venlurita fue el predilecto , y á imitación de 
César, llegó... vio... y venció: la hubieras visto loca... 
lo que se llama loquita por estos pedazos! Bien seguro 
estaba yo del éxito , y por fortuna no me engaño nunca! 



5 

Carlos. Eres feliz en tus empresas: no puedo menos de 
confesarlo... 

Ventura. Por espacio de tres meses, he sido el mas afor- 
tunado délos hombres... veíamos correr dias de oro... 
oh ! chico, lo que es el oro, era una maravilla ver 
cómo corría ! Mas hace unos doce dias, me acuerdo 
bien. Viernes lo por la mañana , supe que Carolina, 
la ingrata Carolina, había abandonado su cuarto en el 
parador de las Diligencias Peninsulares, por otro en 
la calle de San Honorato de París..; Hacerme traición 
por una bobada, una simpleza ! Vamos, es admirable 
con la frescura que las gentes se pasan al estrangero, 
en este siglo de las vice-versas ! Digo, y en teniendo 
caminos de hierro... aunque lardarán... estamos es- 
perando modelos de los que van á hacerse en la China! 
Es mucho nuestro españolismo ! 

Carlos. De lo que menos nos cuidamos nosotros, es del 
espíritu de nacionalidad... pobre Ventura ! 

Ventura. Sí, pobre, porque viéndome arruinado medi- 
taba una catástrofe, de esas que prestan material á los 
periódicos, cuando hé aqui que recibo carta de mi 
bondadoso tio, que por mis calaveradas me había 
echado su maldición desde Méjico hacia cosa de tres 
años, anunciándome que me perdonaba... que sus 
brazos y sus bien claveteados cofres estaban ya á mi 
disposición : calcula ahora que ha llegado, lo que am- 
bicionaré abrazar á un tio millonario , cuyos cofres ha 
puesto á mi disposición, porque desengañémonos, 
Carlos, lo que hay que tener es un tio en Indias... 
Y tú, santurrón, qué has hecho en todo el tiempo que 
has estado fuera? 

Carlos. Ha sido el mas delicioso de mi vida. Fastidiado 
del bullicio de la corte , tan insufrible y atronador, 
me retiré á las tierras que poseo en la Mota del Cuer- 
vo , y allí encontré felizmente la tranquilidad, la cal- 
ma porque suspiraba mi corazón : alli encantado con 
los placeres del campo , en fin , haciendo vida de 
fraile... por eso los frailes engordaban tanto.' 

Ventura. Hombre , qué vida tan romántica ! Y te has 
estado mano sobre mano? Bonito eres tú para ese 
empleo Vamos, déjate de bromas, y cuenta lo que 
haya!... 



ó 

Carlos. No ves que me retiraba de todo... con ganas 
de descansar... 

Ventura. Esa no me cuela... anda^ tuno , dime la verdad. 

Carlos. Te la diré, pero no te burles de mí... Una ma- 
ñana que como de costumbre salí de paseo , encontré 
una mucbaclia tan hermosa... tan llena de candor!... 

Voltura. Digo si me equivocaba !... Vida de fraile , eb? 
Si estaba seguro , no me engaño nunca ! 

Carlos. Una niña educada en convento, y que babia sa- 
lido de él para cuidar á su madre enferma... á su ma- 
dre , que murió entre sus brazos... 

Ventura. Ay ! qué dolor!... {Fingiendo tristeza.) Y aqui 
concluye el [Cambiando de tono.) capítulo primero... 
Sigue, Carlos, en qué para la bistoria? 

Carlos. Muy pocas veces la \i, porque su inocencia mis- 
ma me causaba miedo. 

Ventura. Qué joven tan tímido ! 

Carlos. Y me sucedió también permanecer en su com- 
pañía largo rato, sin dirigirnos ni una palabra, aun- 
que nos en! elidíamos demasiado con nuestras mi- 
radas... 

Ventura. Calla ! lo contrario me sucedía á mí con Ca- 
rolina ; qué torpes éramos! no nos entendíamos nunca 
por el lenguaje de los ojos... sino por la teoría de 
los hechos. .. 

Carlos. En fin, la adoraba, y la hubiera ofrecido con 
gusto mi mano... 

Ventura. Ba ! ba ! tú casarte? (Riéndose.) Qué cosa mas 
chistosa! Oyes; y bien mirado, siendo guapa me pesa 
que no te bayas casado... porque... 

Carlos. Pero cuando iba (Con gravedad.) á declararla mi 
intención, desapareció sin que ninguno supiese el 
motivo , ni tampoco el lugar á que se babia dirigido. 

Ventura. Vamos, consuélate, que la volverás á encon- 
trar. El dia menos pensado , la ves comiendo en la 
fonda de Lardy con cualquier quidam, ó muy espetada 
en la ignominia del Circo. 

Carlos. A ella ? 

Ventura. A ella... tú no sabes lo que esas bellezas pro- 
vincianas varían en la corle... á las mugeres no les su- 
cede lo que á los diputados, quienes según Fr. Gerun- 
dio... se entontecen al beber el agua de la Cibeles... 






7 

Carlos. Te repito que no es en el teatro donde yo po- 
dría encontrarla. 

Ventura. Al tiempo!... Lo que me tiene con cuidado es 
no saber el motivo por qué mi tio se ha querido re- 
conciliar conmigo ! 

Carlos. Esa reconciliación era natural... es joven toda- 
vía... tiene treinta y seis años á lo que creo... 

Ventura. No, treinta y nueve. 

Carlos. No , treinta y seis. 

Ventura. Te digo que treinta y nueve. 

Carlos. Lo que quieras; pero á esa edad... por otra par- 
te, eres su único pariente. 

Ventura. En eso he cifrado siempre mi esperanza , por- 
que he dicho para mi sayo: mi tio no tiene mas hijo 
que yo , quiero decir , mas sobrino ; por consiguiente, 
yo soy el heredero. Y cuál será su manía en no prote- 
germe hasta el dia que tenga juicio, esto es, hasta el 
dia en que me case? Pero tate ! ya caigo... Si querrá... 
Una joven se acerca... {Viendo á Luisa.) 

ESCENA II. 

DICHOS. LUISA. 

Carlos. Querida prima i 

Luisa. Carlos! Vamos, has cumplido tu palabra ; nos 
escribistes que no pasarías sin vernos , y ya te tene- 
mos aquí... asi como asi, te fuistes sin decirnos nada. 

Carlos. Espero me perdones esa falta. La necesidad de 
huir de los malditos vientos que reinan en la corte, 
exigió por algunos meses mi separación; pero heme 
de nuevo entre la dulce compañía de parientes y ami- 
gos... (Señalando hacia Ventura.) tan íntimos como 
Ventura... 

Ventura. (Lo que es ella, no me disgusta...) Señora... 
(La saluda con una cortesía.) 

Luisa. Dispénseme usted la desatención... caballero... 
ó... (Se rie.) 

Ventura. Cómo, le causa á usted risa mi nombre berma- 
frodita? Pues mire usted , se esplica con facilidad la 
idea que tuvieron en ponerme este nombre. Yo vine al 
mundo pocos años después que los hombres acababan 



8 

de sufrir en España una baja considerable peleando 
contra otra nación invasora, y como por el orgullo 
patrio corrieron los jóvenes á empuñar las armas, mi 
padre, que habla perdido dos hijos en el campo del 
bonor , deseaba ardientemente que le naciese una 
hembra... Por mi suerte no se logró su gusto , y afer- 
rado en su capricho, exigió que me diesen un nom- 
bre con que se hiciera la ilusión de creer que yo per- 
tenecía al bello sexo, llevando su empeño basta en que 
vistiera los diez primeros años trage de muger... Asi 
he salido tan pronunciado por ellas ! 

Luisa. Qué ocurrencia! 

Ventura. Y gasté también vuelos... y collarejas, he juga- 
do con muñecas hasta los catorce años , y aunque en 
tales simplezas perdí mis mejores dias, después los he 
desquitado sin duda... 

Carlos. Pero, Luisa, cómo es que habitas ahora con mi 
tia la casa de campo del marques de la Encina? 

Luisa. Ya sabes que el marques, mi tutor, nos ha tenido 
bastante cariño : de vuelta de su viaje se empeñó con 
mamá en que viniéramos á acompañarle una tempora- 
da en esta casa de campo, y aqui nos tienes... Por 
cierto que lo miro con un respeto !... Un tutor ! Solo 
los habia visto de comedia, tan viejos y regañones... 

Ventura. (Con que entendámonos: las hace venir, me 
escribe perdonándome, desea verme, y quiere que 
me case... Oh ! ya he (Mirando con intenciona Luisa.) 
adivinado... pues no me disgustaria.) Sí, Luisita, habrá 
visto usted tutores empeñados en que se casen contra 
su voluntad sus pupilas... malvados tutores... pero mi 
tio... mi tio... 

Luisa. Es muy diferente. (Con viveza.) 

Carlos. Con que hallas en él (Mirándola.) alguna?... 

Luisa. Primero, la de su edad... tiene treinta y seis 
años... 

Ventura. Querrá usted decir treinta y nueve... 

Luisa. No, treinta y seis. 

Ventura. No, treinta y nueve... treinta y nueve... 

Luisa. Después, es tan bueno , alegre é indulgente , que 
se hace apreciar de todo el mundo. 

Carlos. De todo el mundo? (Con intención.) 

Luisa. Sí , de todo el mundo. En casa se ocupa en acom- 



9 
pañar á mamá, que como sabes , apenas se levanta de 
la butaca... alli se encierran... para sus conversacio- 
nes reservadas... {Con misterio.) mas he traslucido que 
tratan de un casamiento... 

Ventura. (Si estaba yo bien seguro!... No me engaño 
nunca !) 

Carlos. Un casamiento ?... del tuyo? [A Luisa.) 

Luisa. Creo que sí. 

Ventura. (Aqui estamos los dos novios...) Conoce usted 
el marido que la destinan? 

Luisa. Me figuro que sí. 

Ventura. (Caramba ! la cosa va mas adelantada de lo que 
creía...) Y parece que no le disgusta á usted la idea!... 

Luisa. No me corresponde decirlo... {Baja los ojos.) 

Ventura. Nada, ánimo, señorita... {Estirándose y ade- 
rezándose.) Tiene usted un buen gusto... no hay mo- 
tivo para que usted se sonroje... 

Carlos. Qué quieres decirla? {Bajo á Ventura.) 

Ventura. Que comprendo perfectamente {ídem á Carlos.) 
el plan de mi lio en bacerme venir á su casa de cam- 
po. Para que abandone su relajada conducta, babrá 
dicho: «no hay mejor medio que casarlo con Luisa.» 

Carlos. Con mi prima? Calla , {Bajo.) me parece... 

Ventura. Ya sé lo que vas á decirme... {Interrumpién- 
dole.) que tengo poco juicio para casado... 

Carlos. Pero escúchame... 

Ventura. No, no es prudente hablar mas delante de ella. 

Carlos. (El diantre del presumido !) Nos olvidábamos, 
querida Luisa... 

Ventura. No, no, yo estoy muy lejos [Con presteza.) de 
olvidar á esta señorita. 

Carlos. Y quisiera cuanto antes abrazar á mi tia. 

Luisa. Pues te llevaré á verla... {A Ventura.) Su tio de 
usted salió tempranito de caza , pero ya debe volver 
pronto... nada, nada , pase usted adelante... 

Ventura. Doy á usted gracias; luego tendré el gusto de 
saludar á su mamá , y aprovecharé este intervalo en 
buscar en el pueblo á un amigo. A los pies de usted... 
{Cortesía.) 

Carlos. Hasta después, Ventura. (Vanse Carlos y Luisa 
por el fondo.) 



10 

ESCENA III. 

VENTURA. Después EL MARQUES. 

Ventura. Una mas ! (Paseando.) ya tengo una mas ! Bru- 
to de mí en no haber formado un catálogo de mis con- 
quistas; en no haber llevado mi libro de entradas y sa- 
lidas por partida... triple, porque ofrecería hoy un 
lisonjero total ! Esta es lindísima , encantadora , ado- 
rable... y mi tio es quien me ha hecho descubrirla? 
Ah ! reverendo tio , yo os bendigo ! {Sale el marques 
á estas palabras.) 

Marques. Gracias, sobrinito . gracias... 

Ventura. Es usted , querido tio? (Lo abraza.) Cuánto me 
alegra volver á verle! Vaya, si por usted no pasan 
años... 

Marques. Ay ! Ventura, este ultimo viaje me ha puesto 
ya fuera de combate... (Se separan.) Dime, recibistes 
dentro de mi carta unas letrilas ? (Suelta el sombre- 
ro blanco de ala, la escopeta y zurrón, que se lleva el 
criado que le acompaña.) 

Ventura. Sí , y tengo que repelir por ello las gracias. 

Marques. Valiente miseria , hombre! Suponte que ten- 
go demasiado para mí , y creo que tú no tienes bas- 
tante para tus... cortejos... en fin, lo doy con gusto, 
y nada mas hay que hablar. (Se sienta á la derecha 
de la mesa.) 

Ventura. Ah ! Conozco que es usted tan generoso como 
amable , y sepa usted , tio , que si me manda dinero 
con desinterés , yo lo recibo con nobleza ; ó lo que es 
lo mismo , que si usted sabe ofrecerlo , yo sé acep- 
tarlo... 

Marques. Bien veo que sabes (Sonriéndose.) aceptarlo. 

Ventura. Cómo me complace (Cogiéndole la mano.) que 
me hagan justicia ! 

Marques. Pero no ha sido para hablarte de esto para lo 
que te he llamado á mi lado... 

Ventura. Lo mismo me da ; sea para lo que usted 
quiera... 

Marques. Según noticias, (Levantándose.) parece que tie- 
nes gran conocimiento de las mugeres... que sabes 
seducirlas... 



1 1 

Ventura. Si señor, muy grande! muy grande! Es ver- 
dad que cuento con dos elementos poderosos... El 
nombre de Ventura, de Venturita... porque vamos á 
ver, qué bella no ba de enamorarse de una Ventura 
tras de la cual corre siempre á ciegas ? Después mi 
despreocupación , porque la despreocupación , tio , es 
decir, el atrevimiento , vale mucho para las mugeres 
de esta época... oh!... mi táctica está reducida á no 
creer en ninguna cuando me dicen que me aman... y 
he acertado siempre, porque yo no me engaño nunca! 

Marques. No te ha sucedido lo que á mí . pues he pasa- 
do los quince años mas preciosos de la vida á bordo 
de una fragata y entre mis valientes marineros... Asi, 
cuando antes de comenzar mi vida aventurera de ma- 
rino , me sucedió apasionarme de una... de una so- 
la, cuyo recuerdo permanece grabado en mi corazón... 

Ventura. Pobre tio ! qué alma [Interrumpiéndole.) tan 
candida ! Se conoce que se hallaba usted en la infan- 
cia del arte ! 

Marques. Para vosotros es ya un arte del que por des- 
gracia he ignorado las reglas , y como conozco que 
ni soy joven , ni tengo buena figura... 

Ventura. Cómo ! á los treinta [Can afectación.) y seis 
años... 

Marques. No, treinta y nueve, treinta y nueve ! 

Ventura. Toma ! y habia creído que tenia usted treinta 
y seis! (Lo sabia... era por adularle...) 

Marques. Y ademas dos ó tres heridas... 

Ventura. (En el número está en dudas...) oh! las heri- 
das son muy honrosas, muy honrosas... (cuando ya 
no duelen.) 

Marques. Pero querrás creer , Venturita , que asi que 
me veu cara á cara con una muger para declararme, 

. tiemblo, tirito, tengo miedo de causarle miedo á 
ella , y me quedo en estado de que ni me entiende, 
ni yo puedo esplicarme? 

Ventura. Es singular ! pues yo todo lo contrario : las ha- 
blo de mi pasión como si estuviese jugando... el amól- 
es mi campo de batalla , y tengo para ellas un ojo... 
con qué lo compararé ? ah! Napoleónico. 

Marques. Me alegro, me alegro... vas á darme tu opi- 
nión sobre una. . . 



i 2 

Ventura. Ya la conozco... (Dándose importancia.) ya sé 
quién es... 

Marques. Es posible? entonces (Asombrado.) eres má- 
gico. 

Ventura. Para qué ha de servirme mi buen ojo ? A que 
me habla usted de Luisita de Villalar? 

Marques. La has visto acaso? 

Ventura. Hace un momento que estuvo aqui. 

Marques. Y vamos, con franqueza, (Se sonríe.) la en- 
cuentras... 

Ventura. Encantadora !... Alli hay belleza , gracia, talen- 
to, mucbo talento; y ¡a prueba es clara... desde lue- 
go ha conocido todo mi valor, inmediatamente... 

Marques. De forma, que de buena gana pensarías... 

Ventura. En el gran partido que promete... y apruebo la 
elección con toda mi alma... ese enlace me colmaría 
de júbilo... 

Marques. (Se presenta el negocio mejor que lo que yo 
esperaba.) Ño lo dudaba de tu interés por ver colma- 
do el mas precioso de mis votos... Pues mira, no hay 
tiempo que perder, para que logre gozar algún dia 
de las caricias de los cbicuelos... 

Ventura. Sí, gozará usted (Con arrogancia.) de ellos... 
descuide usted, que los habrá... los habrá... 

Marques. Vaya, cómo estás de dinero? necesitas algu- 
no? (Es preciso tenerle contento para que trague me- 
jor la pildora...) 

Ventura. Yo no sé cómo me las gobierno , que mientras 
mas tengo, mas necesito... pero esta vez lo acepto 
para un amigo que deseo quitar del medio... (y que 
no me persiga con su crédito.) 

Rita. Señor marques, (Asomándose al jardín.) el desa- 
yuno está en la mesa, y las señoras esperándole. 
(Vase.) 

Marques. Hoy estoy contento con mi sobrino... toma, 
toma, (Le da una cartera con billetes de banco.) y ven 
á almorzar con nosotros. 

Ventura. Gracias dos veces, tío : pero tengo que buscar 
á un amigo , y volveré al momento. 

Marques. Ya, y cuando espera (Tocándole en el hom- 
bro.) una dama, no debe uno hacer que se desespere, 
á no ser que se trate de muger propia... 



13 

Ventura. Vuelvo muy pronto... 
Marques. Cuidado con faltarme. (Vanse.) 

ESCENA IV. 

rita. Después adela y ana. 

Rita. No me equivocaba : (Saliendo del pabellón.) se pre- 
para algún casamiento. Ahora poco, la señorita Luisa 
ha convenido en ello, y según los convites que ha he- 
cho el señor marques... No hay duda... esos convites, 
y lo contenta que veo á mi señora, me lo confirman. 
(Salepn criado por la derecha.) 

Criado 2." Por aqui , señoras. (Entran Adela y Ana.) 
Vaya, ya tienen ustedes quien las guie. (Vase.) 

Ana. Viven aqui las señoras de Villaíar? 

Rita. Si. 

Adela. Pero esta casa no es del marques de la Encina? 

Rita. Del marques , sí . hija mia. 

Adela. Y está ahora (Temblando.) en ella? 

Rita. Acaba de sentarse á la mesa para el desayuno. 

Adela. Esperaremos. 

Rita. De dónde vienen ustedes ? 

Ana. Somos manchégas... de la Mota del Cuervo... 

Rita. Acaban ustedes de apearse de la diligencia? 

Adela. En diligencia no podernos caminar las pobres... 
hemos venido en galera. 

Rita. Y estarán por fuerza (Compadecida.) rendidas? 

Ana. Yo por mi parte no me canso en galera... es un 
movimiento tan cómodo! Esta pobre amiga se ha es- 
tropeado mas... anda, siéntale. 

Rita. No, pase usted á descansar á mi pabellón... aquel 
es... (Lo señala.) 

(Ana coge el lio de ropa de Adela, y con el suyo los me* 
le en el pabellón.) 

Adela. Sin conocernos se interesa usted por nosotras... 
mucho se lo agradezco á usted... 

Rita. Las veo jóvenes y guapas... con cierto aire de 
honradez. (Sale Ana del pabellón.) 

Ana. Gracias, señora. 

Rita. Vaya, qué les digo á mis señoritas? 

Adela. A la señorita Luisa , dígale usted que está aqui 
su hermana de leche, con una amiga. 



U 

Rita. Su hermana de leche? A y cómo se va á alegrar! 
Si escribió para que se viniese en cuanto supo que se 
hallaba huérfana... Voy corriendo á avisárselo... es- 
peren ustedes en este sitio ó en mi pabellón. (Vase.) 

Adela. En esta casa! (Conmovida mirando al rededor.) 
Dios mió ! 

Ana. Te encuentro desazonada como el dia que salimos 
del pueblo: qué tienes? dímelo... 

Adela. Lo sabrás, Ana, lo sabrás pronto. 

Ana. Yo no estoy apesadumbrada, porque no sé lo que 
me pasará... Cuando recibí la carta de Luisita dicién- 
dome que se acordaba de mi , aunque no me había 
visto desde que tenia catorce meses, y me ofrecía 
acomodo en su casa, la verdad, me alegré... pero 
pensando en tí, decia: he de abandonar á Adela? no 
puede ser... y no me acordé mas del viaje hasta que 
tú leíste la carta y te oí esclamar, llorando como una 
niña: «yo me marcho, es preciso que me vaya...» 
Entonces, sin hablar mas palabra, corrí ácasa, abra- 
cé á mi viejecita madrina, única parienta que tenia 
en el mundo , di un beso al mastín Cafeto , lié la ro- 
pa , y te dije : «ya estoy lista , » y á la hora comenza- 
mos á caminar. 

Adela. Ya sé que has venido por complacerme... eres 
una buena amiga... 

Ana. Huérfanas somos las dos, y si te quiero mucho no 
es estraño... no tengo á nadie á quien querer. 

Adela. Ni siquiera una pregunta me has hecho por todo 
el camino... 

Ana. Pues mira , mi trabajo me ha costado el callar, 
porque esto de no preguntarte nada y estarme á os- 
curas, no es muy gustoso, que digamos. Pero ya que 
hemos llegado, dime lo que vamos á hacer, y la cau- 
sa que tu vistes para venir... todo , todo. 

Adela. Deseaba venir, por ver si consigo una felicidad 
que nunca he logrado. 

Ana. Y esa felicidad... 

Adela. Aqui está... en esta carta, [La saca del pecho.) 
que hará nuestra dicha... 

Ana. Y todo está en esa carta ? (Mirándola.) 

Adela. Pero cualquiera que sea mi suerte , la compar- 
tiremos. 



15 

Ana. Bueno ! entonces la carta es de las dos, y siendo 
de las dos , por qué no he de saber lo que hay den- 
tro? A y ! Si fuese un marido !... 

Adela. Mas que un marido... 

Ana. Mas que uno?... pues serán dos... 

Adela. Me dan tristeza tus bromas. Mi madre escribió 
esta carta al tiempo de morir, y es una despedida á lo 
que mas amaba en la tierra... á mi padre!... 

Ana. Calla! tú lias tenido padre?... pues yo, no... 

Adela. Escucha. El dia que espiró mi madre , estaba yo 
á la cabecera de su cama llena de dolor : «Adela , me 
dijo , hija mia , necesitas valor para escuchar lo que 
voy á descubrirle!» Qué! era imposible! Lloraba yo 
tanto ! Y por la primera vez supe de mi padre ! Diez 
y ocho años hacia ya que mi madre vivia lejos de él, 
pobre y abandonada! lejos de él, que estaría muy ri- 
co! Mi padre la quería bastante, pero su familia, am- 
biciosa y cruel, consiguió separarlos, amenazándole 
con el abandono y la miseria si deshonraba el lustre 
de su sangre , y mi pobre madre tuvo que sacrificar- 
se por salvarlo ! Por salvarlo dejó el pueblo en que 
vivia , y embarcaron á su esposo en una fragata, ha- 
ciéndole creer cuando volvió de su largo viaje, que 
mi madre habia muerto ! 

Ana. Pobrecita ! (Se enjuga las lágrimas.) 

Adela. «Qué desgraciada he sido, me decia. Cuando mi 
pena se calmaba con el recuerdo de mi sacrificio, 
y de que le habia salvado perdiéndome , conocí tam- 
bién que arriesgaba la felicidad y la vida del ser que 
en breve habia de venir al mundo , y me propuse 
unirme á tu padre venciendo todos los obstáculos... 
aunque fue inútilmente. Tú, Adela, podrás ser mas 
dichosa... El cielo protegerá tu inocencia, y conse- 
guirás abrazarlo... aquel dia le entregas esta caria, y 
estoy segura de que hallarás un apoyo, mas útil que 
el que pierdes hoy, y una ternura igual á la que te ha 
tenido tu madre...» (Pausa, en la que se enjugan ambas 
las lágrimas.) 

Ana. Ahora entiendo que quisieras abandonar el pue- 
blo; pero por qué te resolvistes á ello al leer la car- 
ta de Luisita? 

Adela. Porque el marques de la Encina... es mi padre! 



16 

Ana. {Admirada.) Tu padre? 

Adela. Mira cuál será mi alegría hoy, mi locura! Ver- 
lo... estar junto á él... abrazarlo... á ese padre que 
me premiará con su ternura un sacrificio que yo he 
hecho por él... 

Ana. Qué sacrificio? 

Adela. Es verdad que no te he dicho nada. 

Ana. Tú tiemblas, Adela, y bajas los ojos... ya me lo 
figuro... algunos amorcillos, eh? 

Adela. {Bajo.) Sí. 

Ana. Y quién es el?... sepámoslo. 

Adela. Un joven guapo , de la nobleza. 

Ana. Anda ! anda! tú tiras por lo alto. 

Adela. Pero sin el consentimiento de mi padre, á quien 
voy á ver, no hubiera sido suya; y hasta conseguirlo, 
he tenido que huir de su lado. 

Ana. Dime, y cuando estés echa una señora, me. querrás 
lo mismo? 

Adela. No te he dicho que mi suerte sería de las dos?... 

Ana. Como un padre no puede dividirse!... 

Adela. No, pero... 

Ana. Pero mucho menos un amante! En fin, viva yo 
contenta, que lo demás poco me importa... Jesús! los 
hombres están tan corrompidos y son tan falsos ! No 
he de poner en ninguno mi cariño: {Con enojo.) aqui 
se acerca uno; pues este no es malito... [Alegre.) 

ESCENA V. 

dichas y garlos, saliendo por el foro izquierda. 

Carlos. Adela! Usted en este sitio? 

Ana. {Mirando á Adela.) (Este la conoce.) 

Carlos. Cuando su repentina desaparición me hizo tan 
desgraciado ! 

Ana. {Llamando á Adela en voz baja.) Qué es lo que di- 
ce este hombre? 

Adela. {Bajo.) Es él! 

Ana. {ídem.) Ya ! es él? y quién es él? 

Adela. {ídem.) El!... de quien yo huía ! 

Ana. (No la entiendo! me dice que de él huía , y se ale- 
gra de encontrarlo...) 



17 
Carlos. (Pensativo.) Adela... Usted no me amaba! 
Adela. Un deber sagrado me llamaba á este sitio , y ade- 
mas, soy franca, me daba miedo de usted. 
Carlos. Tener miedo de mí! 
Adela. Sí, de usted, Carlos, y de mí tal vez... he huido 

de un amor al cual no podia corresponder... 
Carlos. Pero ese amor era puro como usted , y sencillo 
como usted misma , y yo la quería lo bastante para 
poder decirla : Adela , puedo ofrecer á usted una bue- 
na fortuna , en cambio de la dicha que espero de su 
mano : quiere usted ser mi esposa?... 
Adela. (Diosmio! su esposa!) Si hubiese llegado ese 

momento , le hubiera dicho á usted que no. 
Carlos. Que no ! y por qué ? 
Ana. (Pues no sería yo tan escrupulosa...) 
Adela. Don Carlos de Ribera : usted no puede casarse 
con una pobre huérfana como yo. Esto le hubiera 
respondido entonces... hoy, dentro de pocas horas, 
daria á usted mas esperanzas... 
Carlos. Hoy? pues qué... (Llega un criado anunciándo- 
las que pueden vasar adelante.) 
Adela. (Voy á conocer á mi padre ! Cielos! dadme va- 
lor!...) (Sale andando y retrocede.) 
Carlos. Qué siente usted, Adela? 
Ana. Si ahora es cuando te vas á poner mala, estamos 

frescas ! 
Adela. (A Carlos.) No es nada... '{Bajo á Ana.) Verlo, 

abrazarlo... mira, siento que me faltan las fuerzas... 
Ana. Pues, vamonos al pabellón de aquella señora; mas 
antes dame tu carta... (Se la da Adela.) Entregue us- 
ted esta carta (Bajo al criado.) al señor de la Encina, 
y diga usted que esperan aquí la respuesta. 
Criado. Voy á entregársela. (Vase por la derecha: Ade- 
la y Ana se van al pabellón.) 

ESCENA VI. 

carlos. Después ventura. 

Carlos. Es lance raro ! Huir Adela de su pueblo , verla 
en este sitio, esos misterios... mas al fin me ama! 
«Hace un mes le hubiera negado á usted su preten- 

2 



Í8 

sion , y hoy puedo darle mas esperanzas.» Sí, estas 
fueron sus palabras ; luego es visto que me ama , y 
seré feliz ! Su candor y talento son preferibles á una 
cuna ilustre... y al dinero... Y yo insensato la acusa- 
ba de ingratitud ! (Sale Ventura por el fondo con una 
carta en la mano.) 

Ventura. Ah! esto es una puñalada! (Paseándose por la 
escena velozmente.) 

Carlos. Eres tú, amigo del alma? Ya me considero el 
mas dichoso de los hombres... 

Ventura. Ah ! esto es un pistoletazo! (ídem sin atender.) 

Carlos. La he encontrado, si, la he vuelto á ver... 

Ventura. Ah! esto es un cañonazo! (ídem.) 

Carlos. Pero qué dices, Ventura? Sí, ya presumo... 
(Se habrá sorprendido con la noticia del casamiento.., 
atrevidísimo Ventura! esta vez no ha de valerle la as- 
tucia ni la esperiencia de las mugeres...) (Vase.) 

Ventura. Ah! esto es una bomba de aplaca!... Si sabria 
que esta carta... pero qué ! es imposible! Como la 
creí dirigida para mi, entregármela el criado y abrir- 
la fue todo uno... y me echo á los ojos una cohere- 
dera... qué digo? una legataria universal! una hija de 
mi tio! Fatal contraste! Venir esta carta el dia en que 
debo casarme esperando un buen dote!... Si la leyese 
era hombre al agua... Yo preguntaría á la mugerquo 
ha tenido paciencia para esperar á entregársela diez 
y ocho años , no pudiera usted esperar diez y ocho 
años y un dia?... Domingo me dijo que estaba en el 
jardín, y yo no la veo... Si la decidiera á marcharse! 
De qué medio valerme? Sino se tratase mas que de 
darla dinero, mucho dinero, me sería bien fácil, por- 
que es tan rico mi tio!... 

ESCENA VII. 

dicho, ana. Después adela. 

Ventura. (Viendo á Ana que sale del pabellón.) Aquí 

está la joven dichosa! 
Ana. (Viendo á Ventura.) (Aqui está ya él.) 
Ventura. (Debe ser la hija... oh ! yo no me engaño nun- 
ca! Esa forma de nariz es propiedad de la familia.) 



19 
Ana. Dispénseme usted... (Acercándose.) 
Ventura. (Es guapota!) 

Ana. (Cómo me mira? sisera algún mal intencionado?) 
Ventura. Es usted la que ha mandado esta carta ? 
Ana. La entregué á un criado para... 
Ventura. Para quién ? 
Ana. Para el señor marques de la Encina... ah Dios 

mió!... será usted?... (Reponiéndose.) 
Ventura. Yo! ni pensarlo! (Está visto, me tiene la ton- 
ta por su padre.) No cuento mas que veinte y siete 
años, y á los veinte y siete años no se puede tener... 
Ana. El qué? 

Ventura. Cómo el qué? pues qué edad tiene usted? 
Ana. Diez y ocho años. 
Ventura. Pues bien! quien de veinte y siete paga diez y 

ocho... resta... 
Ana. Qué ? 
Ventura. Resta nueve... y á los nueve años, ni por arte 

del diablo es posible tener... 
Ana. Qué? 

Ventura. Todavía otro qué ? Vamos al hecho : no soy el 
que usted busca , no soy mas que el sobrino de mi 
tio... 
Ana. Y quién es su tio de usted ? 
Ventura. El marques de la Encina... mi tio... 

(Ya llegó el instante fiero, 
Silvia, de la despedida, etc.) 

Porque maldito si sé como salir del apuro, ni tengo 
una palabra que decir... 

Ana. Y esa carta, por qué se halla en poder de usted? 

Ventura. Porque la tengo; mire usted, entre mis uñas... 

Ana. Quién se la ha dado á usted.? 

Ventura. Toma! el criado... 

Ana. Para qué? 

Ventura. Para leerla... para qué sirven las cartas ? 

Ana. Le han encargado á usted la respuesta? 

Ventura. Sí, me han encargado la respuesta... (Esta chi- 
ca es un piodigio de invención.) 

A míi. Pues entonces, si no la contesta el mismo marques, 
será... porque no cree lo que dice la carta... 



20 

Ventura. Será por eso... porque no lo cree... (Si se- 
guimos de esta manera , mi situación es menos apu- 
rada.) 

Ana. No querrá recibir á su hija ? La mandará que se 
vuelva al pueblo otra vez? 

Ventura. Cuidado que yo no he dicho tanto... pero es- 
cuche usted la verdad... Siento tener que darla este 
disgusto, pero crea usted que si se conviniere en vol- 
ver al pueblo, mucho haríamos en favor de usted... 

Ana. Volverse al pueblo ? (Salo Adela del pabellón , y 
se detiene.) 

Adela. Qué escucho ? 

Ana. Vamos, calle usted , calle usted... 

Ventura. Quiero decir... que haríamos porque mi tío 
accediera á lo que usted quisiese... 

Ana. A lo que quisiese! {Viendo á Adela que se aeerca 
muy pálida.) Por Dios, calle usted. 

ESCENA VIH. 

DICHOS. ADELA. 

Adela. Madre mia! (Esclamando.) 

Ventura. Otra joven ! esto es un harem S 

Ana. Mi hermana... 

Ventura. Cómo hermana? (Pues señor, ya hay dos he- 
rederas...) 

Ana. Nos hemos criado juntas , y nos llamamos her- 
manas... 

Ventura. Ya, yaf hermana de mentirijillas... í Vamos, 
no es mas que una... 

Adela. He oido algo de lo que ha hablado usted con es- 
ta , y puede decir á su lio , que su hija se vuelve otra 
vez al pueblo... 

Ventura. Con que, que se vuelve otra vez? Y usted se 
volverá también? (A Ana.) no hay que dudarlo... lo 
creo muy acertado... á qué pasar estos frios del nor- 
te? A pique de coger una pulmonía... Nada, nada, lo 
que dice el refrán : á tu tierra, grulla, aunque sea con 
una patita... (Esto va en popa.) 

Adela. Dígale usted que no necesita dinero... que su 



SI 

trabajo le dará para vivir... que su conciencia y la 
memoria de su madre, animarán sus fuerzas. 

Ventura. Este lenguaje... (Apostaría á que me he en- 
gañado la primera vez ! porque la bija, según veo, es 
ella...) permítame usted... 

Adela. Óigale usted que solo venia su bija á pedirle una 
prueba de cariño... y si era anciano y sufría, estar á 
su lado para consolarlo , y oírle decir: «Tú has ven- 
gado la desesperación y las lágrimas que derramó tu 
madre por mi familia, devolviéndome la alegría.» 

Ventura. Con que esa era... {Con brio á Ana.) la única 
ambición de usted? (Cáspita ! si me figuro ahora que 
no es esta...) (A Adela.) Quisiera preguntar á usted... 

Ana. [Sollozando.) Nada tiene usted que preguntar... 
diga usted á su tío que es demasiado cruel, que no co- 
noce á la que hoy desprecia, venando caida del error, 
no tendrá remedio. 

Ventura. A Dios! tenemos pugitos! [A Ana.) Vamos, 
escúcheme usted. 

Adela. No escuchamos nada... Vente... [ídem.) 

Ana. Sacaremos la ropa del pabellón. (Se dirigen á él.) 

ESCENA IX. 

VENTURA. 

Qué me emplumen si he sabido cuál es la hija ! mas no 
importa! Una de las dos es, y puesto que ambas se 
marchan, me he salvado... Pero no estoy satisfecho. 
{Reflexionando un poco.) Canario í mi acción es detes- 
table... Si al menos hubiera querido dinero!... En fin, 
acaso después se arregle todo á mi gusto , y por el 
pronto era indispensable para consumar mi casamien- 
to... La razón de estado lo exigía , y la razón de esta- 
do es la suprema ley ! [Oyense voces de personas.) Ah ! 
serán los amigos de mi tio que vienen á asistir á la 
boda... no hay duda, los convidados... {Van entran- 
do.) (Elegantes de Aranjuez.) No falta mas que el no- 
tario... Bravo ! también esta aquí. {Entra el notario.) 
Celebro verlo á usted tan guapote... (Le da la mano.) 
Oh! yo no me engaño nunca! Señores, [A los convi- 



22 

dados, señalándoles hacia el foro.) ahi tienen uste- 
des la novia acompañada del marques de la Encina... 
mi lio. {Salen Adela y Ana del pabellón.) 
Adela. Con mi padre! Cuánta gente! no me iré sin ha> 
berlo conocido... [Se retiran á la derecha.) 



. 



ESCENA X. 

DICHOS. EL MARQUES. LCISA. RITA. CRIADOS. DespiieS 

adela y ana, que salen por la derecha. 

Luisa. [A Rita.) No decias que estaba aqni? 

Marques. {Viendo á los convidados.) Señores mios, qué 
puntualidad! Vaya, presento á ustedes... 

Ventura. (Colocándose al punto á la izquierda de Luisa.) 
Presentamos á ustedes... 

Marques. A la señorita doña Luisa de Yillalar, mi... 
(Adela y Ana llegan al grupo.) Mi esposa... 

Adela. (Su esposa! se ha casado...) 

Ventura. (Su esposa ! Cómo, su muger? es engaño...) 

Marques. Es noticia con que he querido sorprender á 
lodos, esceplo á ti, Venturila, que habías logrado adi- 
vinarlo... eh ? 

Ventura. (Con arrogancia.) Yo, sí señor... (pero será 
su muger! Oh! sj fuese yo ahora su tío, lo deshe- 
redaba...) 

Adela. No tengo fuerzas para irme... 

Luisa. (A Rita.) Yamos , dónde está esa chica? 

Rita. (A Adela y Ana.) Acerqúense ustedes... 

Luisa. Cuál de ustedes dos es?... 

Ana. La hermana de leche de usted? 

Adela. (Adelantándose.) Yo soy... 

Luisa. Me alegro en el alma de conocerte. (La abraza.) 

Ana. (Rajo.) Pero, Adela, qué haces? 

Adela. (ídem.) Cállate. 

Marques. (Es interesante la muchacha.) 

Luisa. Pues te quedarás con nosotros de doncella... 

Adela. Bien, me quedaré... (Criada de la que debia lla- 
marme hija! pero viviré al lado de mi padre...) 

Ventura. (Ah ! qué plan se me ocurre, señor marques! 



23 
no tenga usted cuidado... ya cayó usted en la tram- 
pa... y me vengaré...) 

Luisa. (A los convidados.) Entremos, señores. (Se diri- 
gen todos por la derecha.) 

Ana. Dios mió! Dios mió! qué será de mí ahora? [Espe- 
rando á que todos se vayan.) 

Ventura. Chist! silencio. Ahora joven, le está á usted re- 
servado un porvenir mas brillante. (Se la lleva de la 
mano por el fondo.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO; 






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Gabinete lujosamente amueblado de la casa del marques 
de la Encina; puerta en el frente y los costados; d la 
izquierda un canapé, y cerca de él un velador: á la 
derecha una mesa de costura. 



ESCENA PRIMERA. 



RITA. CARLOS. 



Rila. (Entrando por la puerta del frente.) La señorita 
está todavía en el tocador, pero le avisaré que usted 
la espera. 

Carlos. No vaya usted: antes quisiera hablarla... 

Rita. De la Anita? 

Carlos. De Ana... sí, de Anita... (No puedo acostum- 
brarme á darla este nombre...) 

Rila. No es estraño que me hable usted tan á menudo de 
ella... como que usted mejor que nadie sabe los dis- 
gustos que mi señorita sufre por su causa. 

Carlos. Pero por qué no se ha quejado mi prima al 
marques? 

Rita. Y de qué había de quejarse la pobre señora? Pue- 
de decirle á su marido: «me incomoda que tenga esa 
criada tantos cuidados contigo?» 

Carlos. Cómo usted me había indicado... 

Rita. Sí, que desde que cayó malo el señor marques, la 
muchacha no le deja á sol ni á sombra, y pasa noches 



25 
enteras á la cabecera de su cama... digo! corno si una 
advenediza tuviese mas derecho que nosotras para cui- 
darle... mas que su muger misma! 

Carlos. Y mi prima no tiene mas motivos que ese... 

Rita. No le parece á usted motivo bastante? vaya! siem- 
pre la encuentra junto al señor marques, y este por 
su parte prefiere los cuidados de la niña á los de los 
demás... nadie le inspira confianza como no sea la... 
Anita! Cuando se enfada, y contra el mandato del médi- 
co llega á ponerse furioso, quién piensa usled que logra 
calmarlo 9 En no siendo la Anita, no hay que cansar- 
se, nadie lo consigue... una estraña ! una criada! Le 
parece á usted que no es suficiente para que se la He- 
ve á una Satanás? La pobre señorita nunca dice esta 
boca es mia; al contrario, le agradece que cuide con 
tanto esmero á su esposo... pero yo la conozco mu- 
cho, y si disimula, es solamente por orgullo... no 
tenga usted duda; vive muy mortificada, por mas que 
oculte los celos que la consumen. 

Carlos. Pero qué plan puede tener esa muchacha? qué 
objeto será el suyo? 

Rita. Como es tan rico el señor marques !... 

Carlos. No, Rita, ese no puede ser: la he conocido en 
otro tiempo , y siendo una muchacha buena y honra- 
da, no puedo creer que un cálculo despreciable... 

Rita. Pues entonces serán fundados los celos que tiene 
mi señorita. 

Carlos. Celos! Usted se figura que... no, es imposible... 
(y sin embargo, la esperanza que me daba cuando la 
vi de nuevo... el haber cambiado desde que ha cono- 
cido al marques... Qué debo pensar de esto?) Aqui hay 
un misterio que yo he de descubrir. 

Rita. Ojalá! siquiera por mi pobre señora, que es tan 
desgraciada! 

ESCENA II. 

DICHOS. VENTURA. 

Ventura. (Que entra por la puerta del frente á estas ul- 
timas palabras.) Amen : uno mis votos á los vuestros, 
porque he acertado de lo que se trataba... oh! yo no 



26 

me engaño nunca ! A que se ocupaban ustedes de los 
disgustos de mi tia , no es verdad ? No hay cuidado, 
yo le echaré un sermón al marques... y... 

Bila. Mucho me temo que no sea usted bien recibido... 

Carlos. Y yo también. 

Ventura. (A Carlos.) Y tú también?... (y yo también.) 
Pero y por qué? vamos á ver, por qué? 

Carlos. Tu tío está furioso con tu escandalosa conducta. 

Ventura. Furioso? ba! ha ! deja que yo le hable, y me 
volverá su cariño haciendo elogios de mi... pagará to- 
das mis deudas presentes, pasadas y futuras, y cuida- 
do, que ya le darán que hacer las futuras! Á propósi- 
to, Carlos; quieres prestarme tres mil reales? 

Carlos. Yo, chico, la verdad en su lugar... no debo pro- 
teger tus locuras. 

Ventura. No tengas miedo, hombre: te daré un pagaré 
contra mi tio , y respondo de que hará honor á mi fir- 
ma... (Oyese una campanilla.) Hola ! qué es esto? 

Rita. Será la señorita, que me llama. (Vase.) 

Carlos. Con que tan seguro estás de que te perdone el 
marques? 

Ventura. Segurísimo; á pesar de mi escandalosa con- 
ducta, como tú dices : la ves? (Sacando una cartera.) 
ves esta cartera ? 

Carlos. Sí, y qué ? 

Ventura. Una friolera : aqui dentro... bajo sobres distin- 
tos... hay dos papeles, á cual mas importantes. El 
uno, la lista circunstanciada y completa de todos mis 
acreedores... supongo que puedo irte apuntando... 
hombre , y qué bien vas á estar con una multitud de 
amigos que irán tras de tí ! 

Carlos. Y el otro papel? 

Ventura. Ay! amiguito ; el otro contiene lo que me ha 
de servir para alcanzar el perdón... Una carta! una 
triste carta, ó una carta triste, con la que disculpará 
mi tio todas mis escentricidades... todas mis locuras, 
mas ó menos amorosas. 

Carlos. No , y lo que es ahora, has caido formalmente 
en el garlito : estás enamorado hasta los tuétanos. 

Ventura. Calla, hombre; si me he hecho ya pastoril; 
saboreo las bellezas del Idilio : en fm , estoy haciendo 
el oso, como tú con aquella labradora en otro tiem- 



27 
po... aunque merezco disculpa /porqué eso de hacer 
el oso es género de moda... 

Carlos. Ah ! pero aquellos amores concluyeron entera- 
mente. 

Yenlura. Pues si conocieras mi nueva conquista... qué 
virtud ! sobre todo , qué inocencia ! 

Carlos. Sí, debe ser inocentísima, cuando admite los 
trages, chales, sombreros y diamantes que tú la re- 
galas... 

Ventura. Y todo por su inocencia! precisamente por eso: 
y ahí tienes la parle bella, la parte sublime de su ca- 
rácter. Figúrate á qué punto llegará su candor, que 
.habiendo venido á Madrid á buscar acomodo, no tuve 
mas que proponerle si queria desempeñar en mi casa 
el cargo de doncella , y aceptó desde luego ! asi, como 
la cosa mas corriente... mira tú que de doncella mia! 
Desde entonces, en lo que la regalo, no ve mas que 
adelantos hechos á cuenta de su salario. La pobre mu- 
chacha cree que esos ricos vestidos no cuestan mas 
que las sayas con que iba á misa en su pueblo... que 
un chai del mejor gusto, no vale mas ni menos que un 
mantón de lugareña, y que su aderezo de diamantes, 
no tiene mas valor que el relicario que lleva al cuello. 

Carlos. Pero en cambio de tantos sacrificios... no... 

Ventura. Qué! nada absolutamente, nada. El dia que 
por casualidad , y lleno de miedo , me atrevo á soltar 
alguna palabrilla de amor , á Dios todo mi trabajo ! se 
incomoda, se irrita, y me dice con mucho orgullo: 
«ajústeme usted la cuenta.» 

Carlos. Vamos, si le empeñarás en que yo crea que por 
un amor tan platónico te estás arruinando ? 

Ventura. Pues no tienes mas remedio que creerlo... Ay! 
amigo Carlos ! El león es ya manso cordero : cuando 
estoy junto á ella, siento que me falla mi antigua san- 
gre fría... que se me va la cabeza , lo mismo que á tí 
te sucedía en otro tiempo. Si me habla, me turbo, 
tartamudeo, estoy cortado, como tú en otro tiempo. 

. En fin, hace dos meses que no sé lo que me pasa... y 
me hallo cada dia mas animal, tan animal como lo 
estabas tú... 

Carlos. Gracias... pues veremos lo que dice tu tío... 

Ventura. Hoy pongo en sus manos el documento núme- 



23 

ro 1, es decir, el de los acreedores; y cuando em- 
piece á ponerse furioso contra mí... plaf! le espeto el 
documento número 2, y no hay cuidado; verás, ve- 
rás entonces el efecto del segundo... abrazos, per- 
don, agradecimiento... nada faltará... y todo debido 
á ella... 

Carlos. A ella? cómo? esplícate. 

Ventura. Imposible! es un secreto, y lo que es mas, un 
secreto de familia... Ahora no puedes saberlo... Ah! 
alli (Suena un campanil lazo.) diviso á mi tia... y vie- 
ne hacia este sitio... me voy ; luego volveré. 

Carlos. Te vas ? 

Ventura. Sí: como no es por ella por quien vengo... 
ademas, la guardo cierto rencorcillo desde... ya me 
las pagará todas mi tio. A Dios, Carlos, hasta después. 

Carlos. A Dios. (Va se por la puerta del foro Ventura.) 

ESCENA III. 

CARLOS. LUISA. RITA. 

Luisa. (Entrando por la izquierda.) No la llamaba á 
usted , Rita... era... 

Bita. (Interrumpiéndola.) A Anita? pues voy á decírselo: 
creo que está con el señor marques. 

Luisa. (Con aire de enfado.) (Siempre con él !) No, no la 
diga usted nada: tal vez le haga falla á mi esposo, y 
esperaré un poco. 

Carlos. (Adelantándose.) Prima ! 

Luisa. Ah ! Carlos, estabas ahí? me alegro mucho... El 
marques se ha empeñado en que salga á paseo y me 
distraiga... Si quieres acompañarme al Prado? 

Carlos. Y cómo no habia de querer! Sabes bien el gusto 
que tengo en estar á tu lado. 

Luisa. Pues mira, vas á permitirme una pregunta: 
querría yo saber por qué estás siempre tan triste? 

Carlos. Yo triste! 

Luisa. Sí: hace algún tiempo advierto que sufres mu- 
cho... 

Carlos. (Atribulado.) No, no; te equivocas... te ase- 
guro... 

Luisa. Sea en buen hora; yo respeto tus secretos... 



29 

(Con una especie de reconcentramiento en sí misma.) 
Hay penas , en verdad , que no se confian ni aun á los 
parientes... pero... (Como queriendo distraerse de 
algún sentimiento doloroso.) se va haciendo tarde... 
Rita , que preparen lo que he de ponerme. 

Rita. Lo haré yo misma. 

Luisa. No, usted no... Ana, que debe estar ya desocu- 
pada... (Toca la campanilla con violencia.) Dígale 
usted que la espero. 

Rila. Bien , señorita. (Va á salir , cuando entra el mar- 
ques y Adela.) 

ESCENA IV. 

DICHOS. EX MARQUES. ADELA. 

Marques. Vamos, muger, ten un poco de paciencia, que 
hemos venido tan de prisa como lo permite esta mal- 
dita pierna , que siempre me ha de estar dando que 
hacer. 

Luisa. No sabia que Anita estaba todavía contigo. 

Marques. Sí; la pobre estaba cuidándome con el esmero 
que tiene de costumbre; sin que por eso dejara de 
sentir el no obedecer tu mandato... (Bajo.) por cierto 
un poquillo imperioso, (Se sienta.) un poco colérico. 

Luisa. De modo que como no me has mandado á decir 
que te molestaba la pierna, por eso no he acudido... 
mientras estaba aquí con mi primo. (Le señala d Car- 
los , á quien el marques no habito visto ¡ y quien le sa- 
luda.) 

Marques. Querido Carlos ! 

Adela. (Es él!) 

Marques. (A Luisa.) Ya veo que no podias repicar y 
andar en la procesión. Con que señor don Carlos, qué 
tenemos de corridas de caballos, de teatros, de Pra- 
do y de sociedades?... 

Carlos. Mejor que yo, le respondería á usted de todo eso 
su sobrino. 

Marques. Ya! ya es buena alhaja mi sobrino! Usted es 
hombre de otra especie... quiero decir, de otra con- 
ducta... Una pasión desgraciada... pesares continuos... 
crueles recuerdos... oh! amiguito, estoy muy al cor- 
riente en las cosas de usted... 



30 

Adela. (Dios mío ! si me amará todavía !) 

Luisa. (A Carlos.) Qué tal? qué te decia yo ahora poco? 
Ya ves que lo mismo opina mi esposo... 

Carlos. (Con ingenuidad.) Son bromas del señor mar- 
ques... Verdad es. que alguna vez he amado, pero en 
el día mi corazón se encuentra tan abatido , que está 
muy lejos de amar... 

Adela. (Muy lejos de amar!) 

Carlos. Luisa, cuando quieras, estoy á tu disposición. 

Marques. (A Luisa.) Hola! Vas á salir? 

Luisa. Pusistes tanto empeño en que lo hiciese, y el dia 
se presenta tan hermoso... Carlos me acompaña... 

Carlos. (A Luisa.) Pues mira, iré en un momento á 
vestirme: al instante vuelvo... Marques... (Le hace 
una cortesía.) 

Marques. Hasta después, Carlos. 

Adela. (INi una mirada hacia mí ! Ah ! no me quiere ya!) 
(Vase Carlos.) 

ESCENA V. 

EL MARQUES. ADELA. LUISA. 

Marques. Ana, acérqueme usted ese taburete... (Lo se- 
ñala.) Me siento ahora un poco incómodo. 

Adela. Le duele á usted la pierna? 

Luisa. Y por qué no lo habias dicho? 

Marques. Qué! es una cosa que no vale nada... un do- 
lorcillo pasagero... Canario con el taburete, y qué 
duro es ! 

Luisa. Aguarda. (Va á buscar un cojin, pero Adela se 
adelanta : Luisa la mira con despecho.) 

Marques. (A Adela.) Gracias, hija, gracias. 

Adela. (Su hija? no se engaña, no.) (Luisa tira el cojín 
que traía.) 

Marques. Si habrá entrado Domingo las cartas del cor- 
reo de hoy, y los periódicos? 

Luisa. Ahora lo sabremos. (Va á tirar de la campanilla.) 

Adela. No se moleste usted... [Los saca de la faltrique- 
ra , y se los da al marques.) están aqui, señora. 

Luisa. Bien está ! (Con enojo.) (Se me va haciendo insu- 
frible.) 



31 

Margues. Quieres leerme, Luisa? 

Luisa. Las cartas, ó los periódicos? 

Marques. Lee la correspondencia , que lo que traerán 
los periódicos ya podemos presumirlo... Decretos im- 
poniendo nuevas contribuciones , y personalidades 

. odiosas. .. y yo como nada pretendo, nada quiero oir... 

Luisa. Veamos: {Sentándose á su lado, y rompiendo un 
sobre.) Del administrador de Carrion. [Adela se sienta 
junto á la mesa, que estará á la derecha, y se pone á 
coser.) 

Marques. Esa déjala ; ya me figuro lo que dirá ! 

Luisa. Esta, de Francisco Esbarra, contramaestre de la 
Veloz. 

Marques. 'Ñenga, venga acá. De mi querido Francisco! 
[Sacando los anteojos.) La víspera del dia en que caí 
malo, recibí otra suya, á que no he podido contestar 
por la gravedad de mi pierna! Qué dirá de mí! cree- 
rá que soy un ingrato , y que lo be olvidado ! olvidar- 
lo, no... me acordaré eternamente del hachazo que 
recibió con gusto por defenderme ! Veamos lo que 
dice: [Lee en voz alta.) «Apreciahilísimo capitán: la 
presente tiene por objeto informarme de la salud qué 
disfruta usted , y también para darle repetidas gracias 
por la bondad con que acogió mi petición.» [Con admi- 
ración.) Qué es lo que dice? [Mira á Luisa, y Adela: 
esta baja los ojos.) No comprendo lo que dice esto 
Tiombre... (Lee.) «Mandándome los mil reales...» Yo! 
mil reales! (Lee.) «Que me han sacado de un apuro; y 
merced á la generosidad de usted , puedo embarcar- 
me sin temor de que mi anciana madre quede espues- 
ta á la miseria. Coruña , etc.» l'ero si yo estoy muy 
seguro de no haberle enviado dinero ninguno ! (Mira 
á Luisa.) 

Luisa. Asi será, pero al mismo tiempo ese hombre dice 
que ha recibido dinero , y como no sea algún mila- 
gro... (Se rje.) 

Marques. Sí, ríete, ríete... pues has de saber que da 
muy buena idea de tu corazón el haber socorrido á 
ese amigo. 

Luisa. Yo ! 

Adela. Qué dice, Dios mió ! 

Marques. Bien, me gusta, Luisa, me gusta. 



32 

Luisa. Pero mira que no sé lo que quieres decir ! 'Yo 
no hubiera tenido reparo en enviarle ese dinero, pero 
estaba tan inquieta y afligida en aquellos días en que 
caistes malo, que de lo que menos me acordé, como 
te sucedió á tí mismo , fue del contramaestre. 

Marques. Con que no has sido tú? Entonces, quién? Ve- 
remos si el administrador... á ver, Anita. {Adela, 
turbada, finge no haber oido.) 

Luisa. Ana ; el marques la llama á usted. 

Adela. (Levantándose.) Voy, señora. 

Marques. Digale usted al administrador que venga... 
quiero saber si ha sido él... 

Adela. INo es necesario llamarlo, señor marques... no 
ha sido el administrador. 

Luisa. Cómo lo sabe usted? 

Adela. Porque... he sido yo. 

Luisa. Usted ? 

Marques. Quién le ha inspirado esa ¡dea? 

Adela. Usted leyó la carta delante de mí, y conociendo 
que el sobresalto de la señorita no la dejaría acordar- 
se de esto... me atreví... 

Marques. Ese proceder la honra mucho. 

Luisa. (Un poco enojada.) Pero rne parece que cuando 
entró usted en esta casa no tenia con que... 

Marques. Y dice bien Luisa l Cómo se ha manejado 
usted ? 

Adela. Al señor marques se le ha olvidado ya que el dia 
de su casamiento mandó pagar un año de salario á 
todos sus... criados... y como yo no necesito aquí 
nada, envié los mil reales al que habia salvado su 
vida. 

Marques. Eso se llama ser una muchacha eseelente... 
completa: vamos, se lo agradezco infinito, y se lo 
premiaré á usted. Venga usted acá, Anita... 

Luisa. Marques ! (Adeta conoce el disgusto de la mar- 
quesa al mirarla , y retrocede después de haberse 
acercado un poco.) Sí, ambos la damos mil gracias, 
(Con ironía.) y nos mostraremos reconocidos al servi- 
cio que nos ha prestado. 

Adela. Señora... no merezco... 

Luisa.' Basta por ahora: prepáreme usted el vestido. 

Adela. Y si me necesita el señor marques? 



3 3 
Luisa. {Con enojo.) El señor marques tiene aqni á su 

esposa. 
Marques. {Bajo.) Luisa l prudencia. 
Luisa. No he dicho que se retire usted á la obligación? 
Adela. Obedezco, señora. [V ase por la izquierda.) 

ESCENA VI 

EL MARQUES. J.IJISA. 

Marques. {En pie.) Eso no ha estado bien, Luisa. 

Luisa. Y qué quieres decirme con tan mal humor' 

Marques. Que no debías haberla tratado bruscamente. 

Luisa. No conoces , ni sabes lo que sufre mi corazón ! 

Marques. Lo que conozco es, que ya no la quieres, y 
•por eso la tratas á la baqueta en el momento en que 
vemos cuál ha sido su proceder. 

Luisa. Si, lo has acertado; no tan solo no la quiero, si- 
no que su presencia me incomoda, me irrita. 

Marques. Luisa , qué ingratitud ! 

Luisa. Ya veo lo alenla y cuidadosa que está contigo... 
pero si me causara despecho que te prodigue esos 
cuidados otra muger que no soy yo... si estuviera... 
celosa... 

Marques. Celosa ! 

Luisa. Si por desgracia tuviese celos de todos los que te 
rodean... si la gratitud que demuestras á otros, qui- 
siera que fuese para mi, para mí sola.., 

Marques. Y es ese molivo para... 

Luisa. En fin... si le pidiera que la separases de nuestro 
lado... 

Marques. Separarla ! 

Luisa. Sí, asegurándola su suerte... No me niegues este 
favor... dala dinero, todo el dinero que quieras... pe- 
ro que se vaya. 

Marques. Que se vaya ! 

Luisa. Es preciso... concédemelo. 

Marques. Tu exigencia es una locura* y no debo por 
mero capricho... 

Luisa. Te lo pido en memoria de nuestro cariño. 

Marques. Luisa, quieres que la despida porque me tiene 
denasiado afecto? por sus cuidados viéndome acha- 

3 



34 

coso ? Quieres que la eche de casa» porque ha pasado 
muchas noches llorando á la canecerá de mi lecho? 
«Que se vaya! me has dicho, asegurándola su suer- 
te ! » Luisa , hay ciertos servicios que no se pagan con 
oro... Que se vaya! ah! esa palabra acaba de desper- 
tar en mi alma un sentimiento que desconocia antes, 
pues he logrado comprender toda la gratitud de que 
la soy deudor, y el cariño que la profeso. 

Luisa. Basta... Qué necia he sido! no te volveré á ha- 
blar de ella. 

Marques. Sí, deja que se quede para que me acompañe, 
y no esté solo entre los lacayos cuando mi esposa sal- 
ga de paseo, como sucederá hoy. 

Luisa. Es que si ahora salgo , es por darte gusto. 

Marques. Porque me empeño en todo lo que pueda agra- 
darte, mientras tú exiges de mí que despida á esa 
muchacha... pero conocerás que no me es posible ac- 
ceder á tu petición... (Vase por la derecha.) 

ESCENA VII. 

luisa. Después carlos. 

Luisa. No me ha concedido lo que le pedia, y eso que 
no tuve valor para decirle todo mi pensamiento... Yo 
misma me avergüenzo de las palabras que iba á pro- 
nunciar, y se han helado en mis labios... Ah! qué 
desgraciada soy ! qué desgraciada , Dios mío! (Se en- 
juga las lágrimas. Sale Carlos por el foro.) 

Carlos. Qué veo! estás llorando? 

Luisa. Callos, compadéceme. 

Carlos. Me figuro , ó mas bien , ya conozco la causa de 
tus penas... esa Adela! 

Luisa. (Sorprendidu.) Cómo Adela ? 

Carlos. O Anita, que es el nombre que ustedes la dan. 

Luisa. Hace poco pedia al marques que la despidiese, y 
me respondió que le habia yo hecho comprender has- 
ta qué punto la quería. 

Carlos. Eso era decir que la ama ! 

Luisa. Figúrate cuánta es mi desesperación ! 

Carlos. Son crueles los celos... (Pérfida Adela! ) 

Luisa. Pero vo me vengaré ! 



35 

Carlos. Y yo... no permaneceré mas tiempo en Madrid. 

Luisa. Por qué , Carlos? 

Carlos. Antes de ayer me ofrecieron ir de agregado á 
una embajada, y... lo aceptaré. 

Luisa. Tan precipitadamente... sin reflexionarlo... Y 
ahora se me ocurre, por qué hablando de Anita la 
has llamado Adela? 

Carlos. Toma ! el nombre que tenia en el pueblo donde 
yo la conocí. 

Luisa. Adela se llamaba ? 

Carlos. Sí. 

Luisa. Pues su madre no era Manuela González , mi 
nodriza? 

Carlos. Su madre?... no... su madre, que murió mien- 
tras estaba yo en Valencia, tenia otro nombre. 

Luisa. Cielos ! otro nombre ! 

Carlos. Para qué me haces esa pregunta? Qué agitación 
es la tuya ? 

Luisa. Carlos, dime... mas no, (Viendo entrar á Ade- 
la.) cállate, me lo contarás luego. 

ESCENA VIII. 

los mismos y adela, (jue entra por la izquierda. 

Luisa. Nadie la ha llamado á usted... 

Adela. El señor marques queria saber si habia salido us- 
ted á paseo. 

Luisa. Dígale usted que no salgo... que me quedo en 
casa para averiguar... Carlos , vamonos. 

Carlos. (Tanta perfidia ! Ab ! mi marcha está resuelta.) 
(Se retira con Luisa por el fondo.) 

ESCENA IX. 

adela. Después AIS A. 

Adela. Qué significa esto ! con qué aire tan estraño me 
ha mirado! Ab! no me ama ya, porque soy una pobre 
criada... pero ni aun por eso me arrepiento de este 
gran sacrificio hecho por mi padre... no, aqui he en- 
contrado la felicidad que buscaba. Cuando estoy á su 



36 

lado, siento una inquietud desconocida, y casi se es- 
capa de mi boca la palabra : «padre mió.» El cariño 
con que me trata anima mi resolución, y me hallo á 
punto de decirle: «estreche usted entre sus brazos 
como bija, á la criada con quien es usted tan bondado- 
so.» (Un criado por el fondo.) 

Criado. Por aqui , señora : ahí tiene usted á la señorita 
Ana. 

Ana. (Vestida con elegancia, y con sombrero y jwidientes 
que brillen.) Gracias: vaya usted con Dios. 

Adela. Ana ! 

Ana. Querida Adela ! ya necesitaba verte... 

Adela. También me alegro yo mucho : pero, qué lujo 
es ese? 

Ana. (Mirando al vestido.) Qué tal ! Cómo me encuen- 
tras? Y tú (Mirando al vestido de Adela.) qué mal ves- 
tida ! Me parece que tu acomodo no es tan bueno co- 
mo el mio v 

Adela. Ya lo creo!... en la casa de don Ventura... 

Ana. Pues, y de doncella! aunque después el amo to- 
mó otra , porque me dijo que yo no servia para eso. 

Adela. Y de qué te has quedado ? 

Ana. Para acompañar á su señora... cuando se case. 

Adela. Para acompañar á su señora! pero muger, quién 
te ha dado todas esas prendas ? 

Ana. El amo , á cuenta de mi salario. 

Adela. A cuenta de tu salario ? 

Ana. Toma! si gano cinco duros todos los meses, se- 
gún me dijo el otro dia el señorito. 

Adela. Y ese vestido? 

Ana. A cuenta de mi salario. 

Adela. Y ese sombrero tan lujoso? 

Ava. A cuenta de mi salario. Aqui tienes; el sombrero 
diez y seis reales : el vestido, treinta y tres reales y 
siete cuartos. 

Adela. (Qué es lo que dice esta muchacha?) Y esos pen- 
dientes de brillantes? 

Ana. (Con alegría.) No es verdad que brillan mucho? 
pues mira , son de dos péselas , á cuenta de mi salario. 

Adela. Ana, quieres engañarme basta ese estremo? mas 
no es posible... le han engañado á tí. 

Ana. Que me han engañado? vaya! creerás que esto 



3- 

cuesta mas barato? pues sino fuera porque el señorito 
lo entiende , y lo ha comprado todo, hubieran llevado 
e! doble. 

Adela. Ana... sácame de dudas... tú eres tan honrada 
como antes, no es verdad ? 

Ana. Me lo preguntas de un modo que me asustas con 
esas cosas... 

Adela. Sabes que para comprar esos adornos, se necesi- 
tarían diez años de tu salario ? 

Ana. Muger! El señorito Ventura quizás... 

Adela. Corren voces de que ha hecho una nueva con- 
quista... 

Ana. Una conquista nueva ! 

Adela. Sí, á quien la da chales, diamantes... qué sé yo? 
en fin, según la gente , se está arruinando. 

Ana. Pues, Adela, no soy yo , te lo juro, hermana mia, 
no soy yo. Si no fuera verdad, me atrevería á venir á 
tu casa? Jesús! permitiría que me llamasen... 

Adela. [Abrazándola.) Estoy segura que no eres capaz 
de permitirlo. 

Ana. Como soy tan tonta, y es fácil engañarme!... y yo 
que en clase de amo lo encontraba bueno y amable! 
se habrá visto mayor infamia! no tenga usted cuida- 
do, señorito Ventura... 

ESCENA X. 

los mismos, ventura , qne se asoma por el fondo. 

Ana. {Divisándole.) Hola! llega usted á tiempo. 

Ventura. Adela , usted en este sitio? 

Ana. Y á fé que no me pesa encontrarlo á usted. 

Ventura. {A Adela.) Perdone usted, al instante vuelvo: 
Anita , quiere usted preguntar á mi tío si puede reci- 
birme? Dígale usted que deseo hablarle de asuntos de 
alta importancia. 

Adela. Voy. 

Ventura. (Pues señor , esto es hecho : ahora doy el golpe 
mas famoso de mi vida.) 

Adela. (En voz baja á Ana.) Acuérdate de lo que te he 
dicho. 

Ana. Pierde cuidado. (Vase Adela.) Ea, mientras vamos 
(Con brio.) á vernos los dos las caras. 



X entura. Qué diablos tiene usted que decirme? 

Ana. Qué, qué tengo? que me ha engañado usted por 
mi inocencia... diga usted, este sombrero, no cuesta 
mas que diez y seis reales? son estos pendientes de dos 
pesetas? soy yo la que acompaño á su esposa de us- 
ted?... cuando esté usted casado. 

Ventura. Por Dios, Adela, poca bulla; escúcheme us- 
ted... 

Ana. No señor, no escucho nada... quiero salir de su 
casa de usted pronto, pronto... y... ajústeme usted la 
cuenta. 

Ventura. Pero entendámonos, qué ha sucedido? 

Ana. [Con cólera.) Nada, nada, la cuenta... Ya lo sé to- 
do: me lo han dicho lodo, todo, todo... me pagará 
usted, y no quiero estar ni un momento mas en su 
casa. 

Ventura. (Esta mnger es una hiena... un tigre... una 
pantera... Y yo que habia contado con ella para con- 
seguir el perdón de mi tio... y asi me he ido enamo- 
rando...) Después se lo esplicaré á usted, me justifi- 
caré de todo... abora déjeme solo con el marques; 
tengo precisión de hablarle. 

Ana. Pues á mí lo (pie me precisa es que se esplique us- 
ted, que se justifique usted en el acto... en el acto , ó 
sino... 

Ventura. [Con gran brío.) Óigame usted, desgraciada! 

Ana. Vamos, hable usted da rito. 

Ventura. Sí, hablaré sin metáforas... yo la he envene- 
nado... 

Ana. (A voces.) Que me ha envenenado... Dios mió! 
aceite, aceite... 

Ventura: Es decir, la he envenenado las fuentes de su 
felicidad... 

Ana. Acabara usted! sino son mas que las fuentes, ya 
eso es otra cosa. 

Ventura. Pero si me hubiera arrastrado á ello una pa- 
sión atroz, frenética, insaciable, devoradora... (Que 
masía diré?) una pasión... mínima!... 

Ana. Ah! ha sido nínñda? ya eso es otra cosa! (Lo de 
nímida debe ser una pasión muy grande ! 

Ventura. No- ha oído usted hablar nunca de la freno- 
logía' 



39 

Ana. {Con desden.) No: en mi pueblo no se cria eso. 
{Acercándosele.) 

Ventura. Pues mire usted... alcanza usted á ver esle 
chichón 1 * {Señalando mas arriba de la nuca.) Es que 
tengo bien desarrollado el órgano de la amatividad, y 
los que sufren esle desarrollo , necesitan casarse. 

Ana. Ah ! me quería usted con fin honesto?... ya eso es 
otra cosa ! 

Ventura. Honestísimo! si acepta usted mi mano, mí 
nombre, mi corazón, y mis deudas, (que forman un 
capital respetable.) todo será para Adela. 

Ana. Y sería su muger de usted '(... no es verdad? 

Ventura. (Mi moger! que palabra tan democrática...) 
Mi muger no, serás mi esposa... (Se oye ruido.) pero 
vayase usted, que creo se acerca mi t¡o. 

Ana. [Con satisfacción.) Qué me importa no ser su mu- 
ger, si voy á ser su esposa! 

Ventura. Anda, tonta! [Viendo entrar al marques' por 
la derecha, y mirando después retirarse á Ana.) Me 
salvé de un naufragio... 

ESCENA XI. 

VENTURA. EL MARQUES. 

Marques. Me avisaron que quería usted hablarme... 

Ventura. (Qué serio viene!) Sí señor; era apremiante la 
necesidad que tenia de confesarle mis errores, y con- 
seguir después mi absolución. 

Marques. De confesarlos, eh? confiese usted todos los 
que quiera... pero lograr que yo tenga manga ancha, 
que perdone al penitente, eso es muy distinto. 

Ventura. Es verdad, son dos cosas distintas... mas con 
el favor de Dios y la ayuda del prójimo, las arregla- 
remos , y tengo esperanzas de que me encuentre us- 
ted menos culpable de lo que parezco. 

Marques. Menos culpable ! Y esa niña por quien se está 
usted arruinando ? por la que ha contraído usted deu- 
das enormes? Esa señorita Adela... esa... 

Ventura. No prosiga usted, tio : en nombre de los senti- 
mientos mas sagrados, no la acuse usted, porque muy 
pronto tendría que arrepentirse. 



40 

Marques. Yo arrepentí rme ! 

Ventura. Esa virtuosísima joven restablecerá nuestra an- 
tigua armonía... Ella es la que tiene la misión de reu- 
nir á dos parientes nacidos para prestarse dinero el 
uno al otro... 

Marqués'. Basta de bromas: si no tienes nada mas que 
añadir, me... 

Ventura. Sí señor, tengo un poquito que añadir to- 
davía. 

Marques. Pues acaba pronto. 

Ventura. (Dándole un papel.) Esto. 

Marques. [Tomándolo.) Y qué es esto? 

Ventura. (Uvas en cesto por Taita de canasta... lea usted, 
verá qué uvas tan gordas...) 

Marques. {Leyendo.) «Lista de mis acreedores!» 

Ventura. Que son numerosos, pero escogidos... no he 
querido pedir prestado sino á gentes de elevada cate- 
goría. Vea usted si le guardo consideraciones. 

Marques. (A mi? qué necio!) 

Ventura. Como lodos han de venir á cobrar á esta casa, 
no he querido esponer á usted á recibir gente de poco 
mas ó menos. 

Marques. Y le figuras que voy á pagarles? Nunca, lo en- 
liendes? nunca. (Le dcvuelre el papel.) 

Ventura. [Con arrogancia.) Mañana, mañana tendrán el 
honor de presentarse. 

Marques. Y mañana tendrán el honor de volverse como 
vinieren. 

Ventura. Los despedirá usted, pero con su dinero... 
porque no tenga usted duda alguna... esta noche he 
de obtener mi perdón. 

Marques. Te digo que nos les pago. 

Ventura. No quiero contradecirle mas... pero á fé mia 
que les ha de pagar... quédese usted con Dios, y mu- 
chas gracias por lo que va usted á hacer... (Dentro de 
una hora, mi justificación...) Sobre la mesa le dejo á 
usted el apuntito... repáselo bien, y no sea tonto... 
á pagar, antes que lo embarguen, que la cosa no anda 
buena. 



- . 



41 
ESCENA XII. 

EL MARQUES. 

Habráse visto semejante descaro ! atreverse á hablarme 
de esa manera, cuando yo, á pesar desús faltas... Y 
me dice con mucho énfasis que he de pagar á sus 
acreedores!... Bribón! ya veremos, señor don Ventu- 
ra, ya veremos lo que le sirve á usted su confianza, 
cuando mañana se vuelvan esos personages... del buen 
tono... (Rompe el sobre.) Tengo curiosidad por saber 
(Desdoblando el papel.) sus nombres... pero qué es 
esto? una carta! no hay duda: (Vuelve á mirar el so- 
bre.) «Lista de mis acreedores...» se habrá equivoca- 
do... (Leyendo.) «Señor marques de la Encina. » Oh! 
es para mí, mas no conozco la letra... á ver si por la 
firma... (Con emoción.) Dolores Ruiz ! Dios mió! una 
carta suya después de tanto tiempo! pronto, pronto, 
leámosla. Voy á morir! (Leyendo.) Morir! pobre Do- 
lores! (Para sí.) (Leyendo.) «Te has ocupado alguna 
vez en diez y ocho años de la muger que ha llo- 
rado por tu amor tanto tiempo? Nunca te hubiera es- 
crito ; pero un deber sagrado me obliga á hacerlo... 
Tienes una hija que queda huérfana en el mundo...» 
Una hija! (Leyendo.) «Joven, hermosa... pero no 
quiero para ella ni tu nombre ni tus riquezas... te pi- 
do solamente que no muera abandonada como su 
madre.» (Se enjuga las lágrimas.) «A Dios; Adela 
pondrá en tus manos algún dia esta caria.» (Sor- 
prendido.) Adela ! Es el nombre de la que tiene mi so- 
brino en su casa, de la que le arruina... por eso 
me viene con tanta seguridad y amenazas... Ah! 
hija mia ! perdida ! tal vez deshonrada! (Viendo entrar 
d Luisa se guarda los papeles.) Ocultemos mis lágri- 
mas para que no sospeche. 

ESCENA XIII. 

el marques, luisa , que entra por el fondo. 

Marques. (Un poco turbado.) Cómo! no has ido al 
Prado ? 



Luisa. Para ocuparme de pensar en el Prado ni en dis- 
tracción alguna estoy yo! La discordia ha entrado en 
esta casa. 

Marques. Qué quieres decir con ese enfado? 

Luisa. Nada ; porque te opones á que se vaya esa chica. 

Marques. Dale, bola: todavia insistes en tu capricho? 

Luisa. Pues mira, tú mismo has de querer despedirla. 

Marques. No, es imposible: qué es lo que tienes que 
echarle en cara? 

Luisa. El haberse introducido en casa con una intención 
culpable , burlando mi confianza... 

Marques. Y qué fue lo que tú me pedistes? 

Luisa. Que recibieses á mi hermana de leche, pero do 
á la que nos engañaba tomando su nombre. 

Marques. Pues dime... Anita?... 

Luisa. Ese es el error. No se llama Ana la que vive 
entre nosotros... se llama Adela Ruiz... 

Marques. Adela! Adela Ruiz! ella? (mi...) quién te lo 
ha dicho? cómo lo has sabido? Estás segura, Luisa? 

Luisa. Estará bien enterado el que la conoce por haber 
sido su amante?... pregúntaselo á Carlos... 

Marques. Tu primo Carlos? pues con efecto, es preciso 
creerlo... Carlos es muy formal... y dices que se ama- 
ban? por qué no te lo ha advertido antes? 

Luisa. Qué importa! Lo que nos conviene ahora es que 
se vaya, en lo que creo estarás conforme... 

Marques. Pues bien¿.. desde hoy no será la criada de... 
vamos, tranquilízate, y envíamela para hacerla cuatro 
preguntas... Sí, envíamela... 

Luisa. Iré al instante... (Va á salir , y vuelve atrás.) Se 
me olvidaba darte las gracias... 

Marques. Al revés, Luisa: soy yo quien tiene que agra- 
decerte la noticia que acabas de darme. (Vase Luisa.) 

ESCENA XIV. 

EL MARQUES. Después ADELA. 

Marques. Con que es hija mia! mi hija ! la hija de la po- 
bre Dolores Ruiz , mi honrada esposa ! Ya comprendo 
el medio de que se ha valido para llegar hasta mí: ya 
se esplican fácilmente sus deseos por servirme, y el 



43 
cariño con que me atiende ! Desventurada Adela ! de 
criada en casa de su padre solo por verme, sin decir- 
me nada, sin hablarme de su nacimiento, porque te- 
mía que su nacimiento separase nuestros corazones!... 
Pero aqui está ya!... (Preséntase Adela por la puerta 
de la derecha.) Me parece mas bella que nunca! Acér- 
cate , Anita... acércale... qné 1161108? estás turbada? 

Adela. (Me trata con mas cariño.) [Acercándose.) Me han 
dicho que quería usted hablarme... 

Marques. Sí, (pieria decirte... (Enjugándose las lágri- 
mas al tomarla una mano.) 

Adela. Ah ! pero qué tiene usted?... esa turbación, esas 
lágrimas... 

Marques. Ya no puedo contenerme... (Abriendo los bra- 
zos para estrecharla.) Adela! abríame, abraza á tu 
padre... 

Adela. (Que se deja abrazar , llorando.) Padre mió ! 

Marques. (Recreado en ella.) Sí, es mi hija! Estréchame 
mil veces contra tu corazón, tan digno de todo mi 
amor ! 

Adela. Madre mia ! si pudieras vernos! (Se separan.) 

Marques. Tu pobre madre, de quien me separaron con 
crueldad! Ya lo sé todo... y ahora es cuando querían 
separarme también de la hija ! de una hija que ha pa- 
sado tantas horas de amargura á mi lado, que ha sus- 
pirado otras tantas por las dolencias de un padre que 
no la conocía ! 

Adela. Con el amor verdadero de hija ! 

Marques. No, no en vano cuando tu figura llena de en- 
cantos se inclinaba sobre mi lecho, la mirada de tus 
ojos escitaba en mi memoria el recuerdo de un amor 
pasado, y en medio de los tormentos que me aqueja- 
ban, me parecía ver... el ángel de los primeros dias de 
mi vida, y en tus facciones contraidas por el dolor, la 
imagen de tu pobre madre ! 

Adela. (Arrodillándose.) Ah! calle usted por piedad! 
/Sino quiere verme morir á sus pies, no me hable 
mas de esos recuerdos... 

Marques. A mis pies, nunca! en mis brazos, hija de mi 
alma. (La abraza.) 

Adela. Madre mia ! si pudieras vernos ! 
■ 



44 

ESCENA XV. 

LOS MISMOS. LUISA. CARLOS. 

Luisa y Carlos. (Admirados al ver que la abrasa.) Ah ! 

Adela. Dios mió! (Se separan.) 

Marques. Luisa ! 

Luisa. (Con ira.) Sí, yo soy, á quien insultas de este 
modo... pero no , no lo consentiré mas, y ahora mis- 
mo me separo de tu lado para siempre... Asi premias 
á tu esposa el cariño que te ha profesado? Y tú, (A 
Adela.) cómo has tenido valor para entrar en mi casa 
bajo un nombre fingido, robándome su cariño? 

Adela. [Sobrecogida.) Yo! 

Marques. Silencio, Luisa... qué te atreves á pensar? 

Luisa. Lo que todo el mundo... tratas de disculparte 
cuando te hemos sorprendido en los brazos... de... 

Marques. (Con brío.) De mi hija ! 

Todos. (Admirados.) De su hija ! 

Adela. (Con resolución.) Sí, porque es mi padre... 

Marques. (Dando á Luisa una carta.) Toma... Recuer- 
das lo que te he contado de Dolores, mi anterior 
esposa ? 

Luisa. (Recorriéndola y mirando á Adela.) Es su hija! 

Adela. (Con humildad.) La he engañado por necesidad... 
pero ahora , no me perdonará usted? 

Luisa. (La abraza.) Y te estrecharé contra mi seno... 

Marques. (Abrazando á las dos.) Adela! Luisa! cuánta 
felicidad. (Se separan.) 

ESCENA XVL 

LOS MISMOS. VENTURA. Después ANA. 

Carlos. (Mirando hacia la derecha.) Ventura ! 

Ventura. (Entrando.) El mismo que viste y calza... Ha 
repasado usted ya la lista de mis estravíos? Es creci- 
dilla. No es verdad? mas qué importa ! allá va en cam- 
bio mi justificación. (Le da un paquete.) 

Marques. (Abriendo el paquete, y leyendo.) «Al Excmo. 
Señor conde de la Abundancia... veinte mil reales.» 

Ventura. (Admirado é interrumpiéndole.) Buena la hemos 



45 
hecho !... si es la lista de mis deudas! Entonces el otro 
paquete debía contener... Qué barbaridad! Es la pri- 
mera vez que me engaño en mi vida! según eso, ya 
sabrá usted... 

Marques. Ya sé que he encontrado á mi hija. 

Ventura. Cómo ! y lo dice usted sin escrúpulos delante 
de mi tia? 

Marques. Me ha perdonado, como te perdono yo en este 
momento. (Se dan las manos.) 

Ventura. (A Carlos.) No le lo decía yo ! ya estoy perdo- 
nado, pero queda el rabo por desollar... ¡Dirigiéndose 
hacia la puerta por donde fia entrado.) Adela, venga 
usted acá... (Conduciendo á Ana.) arrójese usted en 
los brazos de su padre... 

Todos. De su padre? 

Ventura. (A Adela, que estará todavía al lado del mar- 
ques.) Señorita, tiene usted la bondad de... (Hacién- 
dole con su mano que se separe.) 

Ana. (A Ventura.) Pero si ese es el padre de Adela ! 

Ventura. (Admirado.) Cespita! con que no es usted 
Adela? 

Ana. No señor, si es ella... 

Ventura. Ella! desgraciado de mí! pues quién es usted?... 
pronto, pronto... 

Ana. Yo soy Ana. 

Luisa. (Admirada.) Mi hermana de leche! 

Ventura. Ana! Mi hermana de leche! Cielos! Y yo que 
pensaba casarme con mi prima ! Cosa admirable ! Es 
la segunda vez que me engaño en mi vida ! (Con resig- 
nación.) Pues señor, qué le hemos de hacer? Añila... 
(A Ana aparte.) nos casaremos. 

Ana. (Yo no soy plato de segunda mesa, caballerito don 
Ventura... (Señala á Ana.) esa es la prima verdade- 
ra... cásese usted con ella.) (Le vuelve la espalda.) 

Ventura. (Qué t a 1... tal, cómo se esplicotea la herma- 
na de lecbe! Pues á la otra, Ventura...) (Aproximán- 
dose á Adela.) Adela : tomé el rábano por las hojas; 
mi intención era casarme con mi prima; tú eres mi 
prima, luego mi intención era casarme contigo... eh! 
Qué lógica ! Aceptas mi blanca mano ? 

Adela. (Mirando á Carlos.' Carlos ! 

Carlos. (Con presteza , y dando á Ventura una palmada 



en el hombro.) Ay! Amigo Ventura! es cosa admira- 
ble ! Yo sí que no me engaño nunca ! La mano de 
Adela no te pertenece... 
Marques. Cómo? 

Ventura. {Enfadado.) Eso es, cómo? cómo? 
Adela. (Bajando los ojos.) Sí, padre mío... 
Marques. Ya lo comprendo : (Cogiendo la mano de su 
hija, y dándosela á Carlos.) hágala usted tan feliz 
como merece por su virtud... 
Carlos. (Aceptando la mano de Adela.) Adela mia! Yo 

me encargo de cumplir ese deseo. 
Ventura. Otro trueno !... Y es la tercera vez que me en- 
gaño en mi vida... 

(Al público .) 
Todo conspira en mi daño ; 
pues se acabó la prudencia : 
señores, un desengaño... 

(Señalando á los actores.) 
Los silbamos?... No? Paciencia. 
La cuarta vez que me engaño. 



. 



FIN DE LA COMEDIA. 






ecreto de estado, 
orias de un coronel, 
po el Veronés. 
ijo de la tempestad, 
boda improvisada, 
¡elino el tapicero. 
Jos solterones. 
inibre mas feo de Francia, 
íe toledana, 
iglar. 

istigo de una madre, 
memorias del diablo. 
casa con dos puertas. 
>ar. 

;ven bofetones. 
r en vedado, 
orsario. 

ite por interés, 
izar me vuelvo, 
buen padre. 
i Lio de Bilbao, 
mvvell. 
lo y Paulina, 
aovia de palo, 
era , viuda y casada. 
>rotestante. 
aliña de Mediéis, 
aballerode industria, 
itobal el leñador, 
riela de Belle-lsle. 
i huelo. 

nédico y la huérfana. 
>acto del hambre, 
iroscripto. 

legollacion de los inocentes, 
dos celosos. 

cómicos del rey de Prusia. 
abadía de Castro, 
hombre de bien, 
carcajada, 
aro. 

secreto de familia, 
i aventura de Carlos 11. 
molinera. 

nercader flamenco, 
secretario privado, 
cisterna de Alby. . 
i cadena, 
or y nobleza, 
onio Pérez y Felipe 11. 
•lío. 

sr venga sus agravios. 
oni. 

der y cobrar el cetro, 
nce años después. 
io el novicio, 
zelos. 
Primito. 

ilia la cieguecita. 
solitarios, 
coja y el encojido. 

Batuecas, 
puñal del Godo. 
tonta. 

mejor razón la espada, 
molino de Guadalajara. 
caballo del rey Ü Sancho, 
bruja de Lanzaron. 



Ango. 

Angelo, tirano de Pádua. 

Amor y deber 

A un cobarde otro mayor- 

Adel el Zegrí. 

Baltasar Cozza. 

Catalina Hovar. 

ChilonÜ! 

Doña María de Molina 

Doña Urraca. 

Doña Jimena de Ordoñez. 

Doña Blanca de ¡Navarra. 

D.ana de Chivrí. 

l>. Rodrigo Calderón. 

Dos granaderos. 

Dos padres para una hija. 

Elvira de Albornoz. 

El desconfiado. 

El hijo predilecto. 

Emilia. 

El astrólogo de Valladolid. 

El paria. 

El campanero de san Pablo. 

El casamiento nulo. 

El alan de figurar. 

El peluquero de antaño. 

El pobre pretendiente 

El hijo en cuestión. 

Está loca ! 

El dómine consejero. 

El compositor y la estrangera. 

El duque de Braganza. 

El pilluelo de París. 

El soprano. 

El gondolero. 

El castillo de san Alberto, m 

El ramillete y la carta. 

El comodín. 

El mulato. 

El marido y el amante. 

Fray Luis de León. 

Función de boda sin boda. 

Garcilaso de la Vega. 

Guillelmo Colman. 

H e r n a n i . 

Hija , esposa y madre. 

Intrigar para morir. 

Incertidumbre y amor. 

Intriga y amor. 

Isabel de Babiera. 

La vieja del candilejo. 

La politieo-mania. 

Mata-muertos y el cruel. 

A muerte ó a vida. 

La familia de Falkland. 

Cain Pirata. 

La Judia de Toledo. 

Detrás de la cruz el diablo. 

Relascon. 

simón Bocanegra. 

Casada, virgen y mártir. 

La rueda de la fortuna. 

Honra y provecho. 

Los partidos. 

El pozo de los enamorados. 

El hijo de la viuda. 

Conspirar por no reinar. 
Vicente Paul. 



La estrella de oro. 

Los cortesanos de D. Juan II. 

La ocasión por los cabellos. 

Los zelos infundados. 

Los amoríos de 1790. 

La conjuración de Fiesco. 

La cuarentena. 

La pata de cabra. 

La gata niuger. 

Lucrecia Borgia. 

Luis onceno. 

Los guantes amarillos. 

La frontera de Saboya. 

Las máscaras negras. 

La espada de mi padre. 

La cruz de oro. 

La hermana del sargento. 

Los padres de la novia. 

Luisa. 

La escalera de mano. 

La solterona. 

La cuñada. 

La hija del avaro. 

La hostería de Segura. 

Me voy á casar. 

María Bemond. 

Macbet. 

No hay mal que por bien no 

venga. 
Ni el tío ni el sobrino. 
No siempre el amor es ciego. 
Padre é hijo. 
Plan-plan. 
Pablo el marino. 
Roberto D' Artevelde. 
Ricardo Darlingtou. 
Sin nombre ! 
Stiadella. 
Teodoro. 
Toma y daca. 
Virtud en la deshonra. 
Valeria. 

Un poeta y una muger. 
Lna muger generosa. 
Undia de 1»23. 
Una y no mas. 
Un artista. 
Un tio en Indias. 
Un liberal. 

La familia improvisada. 
El hombre misterioso. 
Cada cosa en su tiempo. 
Los independientes. 
Sancho Garcia. 
Mi honra por su vida. 
El galán duende. 
La escuela de los periodistas. 
Por él y por mí. 
Honoria. 

El capitán de fragata. 
Ella es. 

Ir por lana y voNer trasquilado. 
La reina por fuerza. 
Too jue groma. 
Viriato. 
Casualidades. 

Vengar con amor sus celos. 
El padrino á mogicones. 



La verdad por la mentira. 

La oliva y el laurel. 

La loca de Londres. 

Las colegialas de Saint-Cir. 

La feria de Mairena. 

Elisa, ó el precipicio de Bessact, 

El carcelero. 

Probar fortuna. 

Ya murió Napoleón. 

El que se casa por todo pasa. 



Pedro Fernandez. IFIoresinda. 

E1 libel °- Juan Tenorio. 

Los tres enemigos del alma. Periquito entre ellos 

Bandera negra. El diplomático 

La copa de marfil. £1 parador de Bailen. 

La prensa libre. La veneciana. 

La parte del d.ablo La venganza de un peche» 

Memona de un padre. Beltran el napolitano. 

Cuando se acaba el amor. Españoles sobre todo. 

El lanatico por las comedias. |La acción de Villalar. 



Ademas de las comedias espresadas se han publicado ciento hasta hoy 1.° de abril 
e 1847 , cuyos títulos y precios constan en los catálogos que se dan gratis en las libre- 



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